Capítulo nosecuántos
LA VENGANZA DE DON QUIJOTE
que trata del artificio para desfacer el grande entuerto del malandrín y de otras maravillas que el lector leerá
Manuel Talens
Una turbia mañana del mes de julio, la presencia de gente desconocida (no el ruido de la puerta cuando la abrieron) lo despertó. Altos en la penumbra del cuarto, curiosamente simplificados por la penumbra (siempre en los sueños de temor habían sido más claros), vigilantes, inmóviles y pacientes, bajos los ojos como si el peso de las armas los encorvara, Alejandro Villari y un desconocido lo habían alcanzado, por fin.
Jorge Luis Borges, La espera
Sacha Talens: Ofrenda a Dulcinea (tinta sobre celofán)
Le encantaban los espejos, la literatura fantástica, la electrónica y las enrevesadas hazañas de la Biblia. David Menahen descubrió la fantasía como todo el mundo, cuando tuvo el suficiente raciocino para darse cuenta de que la imagen de su cuerpo frente a la luna del armario se correspondía con la realidad, pero era inexistente, intangible.
La veneración por la literatura fantástica le vino después. Sin duda animado ante el embeleso por los espejos que observaba en su nieto, el abuelo de David le regaló a los ocho años una edición infantil de Through the Looking-Glass and What Alice Found There, de Lewis Carroll. Ni que decir tiene que el niño leyó el libro con pasión. A partir de entonces observó con ojos distintos la biblioteca de su abuelo, una soleada pieza repleta de volúmenes que revestían por completo las cuatro paredes. Empezó a leer por el anaquel inferior de la derecha, según se entraba desde el rellano de las escaleras, y fue avanzando en dirección al Sur, luego al Este, después al Norte y a continuación al Oeste, para por fin cerrar el círculo cuadrado del anaquel, de nuevo en dirección al Sur, tras haber convergido con sus lecturas en el lado izquierdo de la puerta. Necesitó cuatro años para completar el primer anaquel, durante los cuales engulló buena parte de Lovecraft, todo Asimov, Dracula, de Bram Stoker, Frankenstein, de Mary Shelley, las obras completas del francés Jules Verne, The Adventures of Huckleberry Finn, de Mark Twain, el falso orientalismo de Salgari y los falsos apaches de Karl May, cientos de relatos de autores olvidados e incluso algunas obras de un magnífico escritor argentino traducido al inglés. Quizá fuese The invention of Morel, con sus infinitas posibilidades de amoríos intangibles, la novela que despertó la futura curiosidad de David por la electrónica de implicaciones metafísicas.
Los Menahen residían en Burwell, un diminuto pueblo de Nebraska cuyos escasos habitantes, habituados a las soap operas de la televisión, encontraban incomprensible una familia libresca como aquélla. Pero en realidad los Menahen no vivían allí, sino en mundos de ensueño. Criaron fama de gente rara.
A los doce años, ya erudito en ciencia ficción, David Menahen subió de grado y atacó el segundo anaquel. Catorce meses después, cuando avanzaba de nuevo en dirección al Sur, se topó con un libro de título curioso: The Adventures of Don Quixote, by Cervantes (translated by J. M. Cohen and published in England by The Chaucer Press, 1950). Le preguntó a su abuelo por el hallazgo.
–Es la historia de un hombre que se trastornó de tanto leer y luego quiso aplicar sus lecturas a la vida de todos los días. Por supuesto, se dio de bruces contra la realidad.
David tardó siete semanas en terminar la novela. Se detuvo con delectación en el episodio de los molinos de viento y llegó a aprender de memoria el discurso de Don Quijote a los cabreros sobre la ignorancia antigua entre las palabras tuyo y mío. Tomó buena nota del cuerdo delirio del caballero de la triste figura y nunca olvidó su infortunado destino.
Su afición por la Biblia se forjó años más tarde, en el quinto anaquel, cuando David estaba a punto de iniciar sus estudios de electrónica audiovisual en el Massachussets Institute of Technology, tras haber obtenido providencialmente una beca de la Fundación Donahue gracias a sus excelentísimos resultados escolares, situados por encima del noventa y nueve percentil de los estudiantes del país. La familia Menahen, de origen lejanamente sefardí, no practicaba religión alguna y el único culto doméstico era la literatura, por lo cual la Biblia, incluido el Nuevo Testamento cristiano, formaba parte de la biblioteca como una novela de novelas. La edición que leyó el muchacho era un precioso facsímil de la vieja traducción de Wiclif, editado en Boston en 1924.
Los años universitarios de David Menahen en los alrededores de Cambridge (Massachussets) fueron febriles en lo científico, pero de poco esparcimiento extracurricular. No disponía de dinero extra para compartir vida social con sus compañeros de curso, por lo que pasaba las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio en el pequeño taller de electrónica que había instalado en el ropero de su minúsculo apartamento. La embriagadora actividad de los microcircuitos, combinada con la lectura espesa de tratados económicos subversivos y con el tierno contrapunto de las parábolas evangélicas terminaron por atrofiarle las neuronas de la codicia, lo cual dejó vía libre al desbordamiento mesencefálico de la hormona del amor. Pronto corrió la voz en el MIT de que era un tipo raro. Hay estigmas familiares que a uno lo persiguen vaya donde vaya.
Fue por entonces, exactamente el 17 de mayo de 1988, cuando puso a prueba con éxito su primer experimento. En apariencia la invención se trataba de un televisor Sony como los demás, pero David había sustituido los microchips del circuito primario, made in Japan, por otros de producción propia con soldaduras covalentes de titanio paranormal y durante unos minutos, en la soledad de su ropero, fue el único ser humano sobre la tierra que logró contemplar en la pantalla, con diecisiete años de antelación, una escena aterradora de un hombre con indumentaria color naranja en un entorno tropical. Su cara le resultó familiar cuando la cámara lo enfocaba en primer plano, pues reconoció en seguida el rojo hemangioma de nacimiento, en forma de corazón, que se le destacaba en la mejilla.
Pero aquel invento revolucionario, y al mismo tiempo secreto, provocó un fallo imprevisto: el tendido eléctrico del estado de Massachussets se sobrecargó de tal manera con la avalancha de energía sobrenatural que al cabo de seis minutos de retransmisión premonitoria hubo un corte de luz generalizado que aún recuerdan en New England como una pesadilla, pues se necesitaron tres días para repararlo. David, por miedo a que las investigaciones policiales llegasen a descubrir que él había sido el autor material de un desastre que ocasionó pérdidas económicas multimillonarias, hizo desaparecer la prueba tangible de su culpabilidad en el fondo del río Charles. Al fin y al cabo, se dijo, lo importante es tener la fórmula en la cabeza.
Su camino de allí en adelante, ahora ya lo sabía, estaba trazado. Terminó los estudios con el número uno de su promoción y sorprendió a todo el cuadro profesoral del MIT al anunciar que renunciaba a una carrera académica. Dio la excusa de que no podría soportar las presiones que ésta ocasiona. Regresó a Nebraska, aceptó sin dudarlo un oscuro puesto de programador informático en una compañía electrónica de Omaha, alquiló un bungalow en el suburbio de Laplatte y se puso a la labor. El trabajo en Northern Digital Unlimited Co. le proporcionaba suficiente dinero para sobrevivir y continuar por las noches, en el sótano de su casa, las investigaciones cuánticas sobre ondas hertzianas de logaritmo inverso cargadas de iones telehipnóticos provocadores de verdad.
Era un hombre solitario. Nadie le conoció mujer, si bien las pesquisas posteriores que llevó a cabo la brigada científica –por medio de un software ultrasofisticado de recuperación de datos informáticos– descubrieron que el disco duro de su portátil clónico personal había mantenido conexiones asiduas a través del chat con una dirección electrónica de San Francisco, dulcinea@hotmail.com, y que aquellos intercambios virtuales alternaban análisis de crítica literaria, descripciones semióticas de iconos telesensitivos, fórmulas euclidianas incomprensibles y apasionadas cartas de amor.
La biblioteca que David fue reuniendo llegó a superar a la de su abuelo. Se enfrascó tanto en la lectura de libros científicos y en las ecuaciones del proyecto de su vida que olvidaba con frecuencia hasta el aseo personal. Cualquiera hubiese podido tomarlo por el espíritu del hambre. El rostro se le quedó enjuto. Los ojos, sin embargo, le brillaban al mirar. Era alto y seco, se ataviaba con ropa de saldo del Salvation Army y la grotesca figura que componía al circular por las calles, subido en su vieja bicicleta y con el paraguas en ristre, promovía la sonrisa de los vecinos. Los perros ladraban a su paso. Parecía un caballero andante posmoderno.
Sólo en su taller se sentía feliz. El sótano estaba atiborrado con montones de aparatos, microchips, procesadores, circuitos impresos, antenas retroparabólicas, módulos de visualización bidireccional, tiristores, cámaras digitales de alta definición, módems, conmutadores inalámbricos, magnetos, radares, escáneres, deuvedés, disquetes, cederrones, espectrógrafos, diodos, resistencias, dispositivos de gestión de relés, cables de multiconducción en vacío y un sinfín de artilugios más, todos ellos multiplicados hasta lo eterno por espejos de trampantojo en las paredes, que previamente hizo instalar con el objetivo de nutrir la fantasía. Nadie escapa a los recuerdos de la niñez.
Su plan avanzaba con lentitud, pero sin descanso alguno. En la Navidad de 2003, cuando ya peinaba algunas canas en las sienes, se sintió preparado para actuar. Tenía casi un mes por delante. Cronometró varias pruebas simuladas en circuito cerrado de televisión y calculó todos los detalles con la exactitud matemática que había definido su existencia.
Por fin, el 24 de enero de 2004, justo cuando todas las cadenas televisivas nacionales conectaron con el Congreso en Washington para retransmitir en directo el discurso sobre el estado de la nación del presidente George W. Bush, David Menahen apretó el interruptor de su flamante artefacto. La suerte estaba echada. El hardware emitió un zumbido y se puso en marcha. El primer mandatario sonreía con mansedumbre en las pantallas del país.
–Señor Presidente de la Cámara, Vicepresidente Cheney, miembros del Congreso, distinguidos invitados y conciudadanos –dijo con su inconfundible acento de Texas–, esta noche, Estados Unidos es una nación llamada a hacerles frente a grandes responsabilidades. Y estamos poniéndonos a su altura para cumplir con ellas –respiró hondo y continuó–: Soy un embustero, mentí en la guerra contra Afganistán y volví a hacerlo en la de Irak. Estaba al corriente de que Sadam no tenía armas de destrucción masiva, pero necesitábamos su petróleo para seguir alimentando el imperio y por eso provocamos el conflicto. El gobierno de este gran país es hoy en día culpable de genocidio y de grandes actos terroristas contra la humanidad…
Pero entonces, el artefacto de David Menahen volvió a fallar de la misma forma que aquel otro construido en 1988. La electrónica nanomolecular no es una ciencia totalmente exacta, al abrigo de cortacircuitos exteriores. Los ingenieros del servicio de inteligencia determinaron en su informe que el vetusto tendido eléctrico del Mid West no había podido soportar el disruptivo kiloamperaje de las corrientes telepáticas emitidas desde Laplatte contra las fuerzas hertzianas que llegaban vía satélite a Nebraska. El estado entero se quedó en tinieblas.
Al amparo de la repentina oscuridad, el porcentaje de atracos, saqueos y asesinatos aquella noche se multiplicó por tres en Omaha. Por su parte, las cadenas de televisión del país interrumpieron de manera abrupta el extraño discurso de George W. Bush y los telespectadores no pudieron presenciar la escena increíble que tuvo lugar en el Congreso, durante la cual varios agentes de FBI se lo llevaron detenido como paso inicial del impeachment de que fue objeto dos años más tarde, en marzo de 2006, convicto de atentado verbal, público e irreversible, contra el honor y la democracia de Estados Unidos.
David pasó casi toda la noche en vela en su bungalow del suburbio de Laplatte. Sólo pudo conciliar el sueño después del amanecer. En su fuero interno estaba seguro de que esta vez la suerte no iba a acompañarlo como en 1988, pues los adelantos tecnológicos del siglo XXI permitían ya que la omnipresente red antiterrorista del país localizase con exactitud la procedencia de cualquier ataque espiritual contra los medios de comunicación. Recostado en la cama, tomó en sus manos la Biblia que solía ojear por las noches desde sus años adolescentes. Pero esta vez no la abrió al azar, sino que fue directo al Evangelio de Juan, buscó el capítulo 18 y, con premonición, recitó en voz alta los versículos 1 al 13. Tenía miedo, pero se sentía satisfecho de su hazaña. El malandrín había mordido el polvo, la escena entera de la confesión estaba grabada en su deuvedé y seguramente en los de millones de hogares de América del Norte. Don Quijote acababa de vencer a los molinos de viento. Por una vez, se dijo, aunque sólo fuese por una vez, la fantasía logró ser más poderosa que la realidad.
Se quedó dormido entre sudores fríos. Soñó que corría junto a Alicia y que los dos cruzaban del otro lado del espejo. Al llegar a un monte con olivos la perdió de vista. Había amanecido y la brisa de la mañana le pareció sombría. Era ya (lo supo con la certeza de los sueños) el 25 de enero de 2004. La presencia de dos desconocidos, no el ruido de la puerta cuando éstos la abrieron, lo despertó. Altos en la penumbra del dormitorio, pero bajos los ojos como si el peso de las pistolas que empuñaban los encorvara, los agentes federales lo habían descubierto, por fin. David Menahen no opuso resistencia y se dejó llevar, sin decir palabra, con las manos esposadas a la espalda. Le vendaron los ojos y lo trasladaron por aire a un lugar desconocido. Horas después, durante el interrogatorio, tampoco abrió los labios, ni siquiera cuando le aplicaron electricidad en los genitales. Estaba mentalmente preparado para resistir. Por último, en un cuarto sin ventanas lo fotografiaron de frente y de perfil mientras un anónimo funcionario en mangas de camisa recitaba ante una grabadora, con voz monocorde, «varón caucásico, seis pies de altura, ciento treinta y ocho libras de peso, signo distintivo en la mejilla izquierda, una mancha roja en forma de corazón».
Luego, lo despojaron de todo, de sus ropas, de sus documentos de identidad, de su pasado, y un agente hispano de contrainsurgencia le entregó una bolsa con el definitivo uniforme color naranja. Al despuntar el día, desde el aeropuerto militar de Andrews, un avión despegó con rumbo a Guantánamo.
www.manueltalens.com
lunes, febrero 06, 2006
miércoles, enero 25, 2006
MÁS CONSEJOS
Yo siempre traspaso los buenos consejos que me dan. Es para lo único que sirven.
Oscar Wilde
Oscar Wilde
UN CONSEJO
Un consejo es algo que pedimos cuando ya sabemos la respuesta, pero preferiríamos no saberla.
Erica Jong
Erica Jong
sábado, enero 21, 2006
STEFAN ZWEIG
Voy a contarte mi vida entera, esta vida mía que
no empieza, realmente, hasta el día que te vi
por primera vez.
Stefan Zweig
no empieza, realmente, hasta el día que te vi
por primera vez.
Stefan Zweig
viernes, enero 20, 2006
GILBERT HERDT
GILBERT HERDT:
"LA SEXUALIDAD ES UN DERECHO HUMANO,
Y CONSIDERO QUE MERECE RESPETO EN TODAS LAS SOCIEDADES Y ESTADOS"
Gilbert Herdt, antropólogo y especialista en sexualidad humana.
Actualmente es el director del Centro Nacional de Recursos sobre Sexualidad y del Programa de Estudios sobre Sexualidad Humana de la San Francisco State University (EEUU).
"LA SEXUALIDAD ES UN DERECHO HUMANO,
Y CONSIDERO QUE MERECE RESPETO EN TODAS LAS SOCIEDADES Y ESTADOS"
Gilbert Herdt, antropólogo y especialista en sexualidad humana.
Actualmente es el director del Centro Nacional de Recursos sobre Sexualidad y del Programa de Estudios sobre Sexualidad Humana de la San Francisco State University (EEUU).
jueves, enero 19, 2006
AVE DE PARAISO
.Traducido del portugués por Elkin Obregón Sanín
Una vez por semana visitaba a la mujer. Para exaltarse, lo decía conmovido. Ella lo creía, y lo recibía con pastel de chocolate, licor de peras y frutas recogidas en la huerta. Los vecinos comentaban aquellos extraños encuentros, pero ella lo quería cada vez más. Él, adivinando su vida fácil, le pedía disculpas con los ojos, como diciendo, de qué otro modo debo amarte.
Comía el pastel y rehusaba lo demás. Aunque la mujer insistiera. Es por ceremonia, pensaba ella escondiéndose en su sombra. Una vez le preparó una cena sorpresa. La comida olía muy bien, las esencias acababan de llegar de la China. Brillaban los cubiertos y los adornos comprados especialmente para el día de la fiesta, cuando él abriría los ojos, encantado.
El hombre observó todo con aprobación. Siempre la había juzgado sensible a la armonía, a la gracia. Una confianza que sintió desde el mismo instante en que se conocieron: en el tranvía, advirtiendo que había olvidado el dinero del pasaje, ella miró a su alrededor sin decidirse a pedir auxilio. Él pagó y le dijo, casi en un susurro, yo también necesito ayuda, ella sonrió y él le tomó la mano, ella accedió con timidez, y cuando la dejó a salvo frente a su puerta le prometió volver al día siguiente.
-No insistas, no quiero cenar. Con naturalidad, parecía un pez inspeccionando el mar. Ella lloró, pensando, entre tantos hombres Dios me destinó el más difícil. Fue el único instante de desfallecimiento de su amor. Al otro día recibió rosas, y la tarjeta tan sólo decía: amor. Ella rió arrepentida, condenando su incontinencia. No debía haberlo sometido a semejante prueba, que él rehusó heroicamente. En la siguiente visita la amó con fervor de apátrida, y repetía en voz baja su nombre.
Una vez desapareció tres meses, sin cartas, telegramas ni llamadas telefónicas. Ella pensó, voy a morir. En torno de la misma mesa, el mantel pintado de rojo, que había preparado durante un largo sábado, la cama de sábanas blancas, que ella lavaba personalmente, evitando el exceso de anilina, la casa, en fin, que él dejó de frecuentar sin dar aviso. Recorría las calles y a cada suspiro agregaba:
-¿Qué es de la mujer sin la historia de su amor?
Había cursado el bachillerato en su ciudad natal. No quiso ser profesora. Desde pequeña soñaba con casarse. Su única ambición. Temía al hijo ajeno sustrayéndole una fuerza que los de su propia carne merecían. La madre protestó, necesitaban dinero. El padre había perdido el empleo, la edad le pesaba. Terminó en el mostrador de la farmacia de su padrino, y la madre, cosiendo por encargo. A ella le correspondía encargarse de los oficios de la casa, ya que se negaba a ejercer el magisterio. Fue entonces cuando descubrió los encantos de la cocina. Pero la receta del pastel vino más tarde. Norma apareció, muy elegante, con su vestido amarillo, pidiéndole ayuda para coser una falda plisada, modelo que había visto en el puesto de revistas de la esquina. Aunque pensaba que Norma era frívola, siempre insistiendo en que la acompañara a los bailes donde se pescaba novio con facilidad, nunca la censuró. Conoció entonces a la otra, amiga lejana de Norma. Compañeras en el curso de dactilografía, las dos ansiaban trabajar en una firma americana. Después viajarían a Estados Unidos, pasearían por la Quinta Avenida. Norma soñaba en conquistar un oficial americano. Lamentando que ya no nos visitaran, como en la época de la guerra. La otra oía, casi al final le preguntó:
-¿No quieres venir? Se refería a la entrevista en la firma americana. Negó con la cabeza. Le dio vergüenza explicar que quería casarse. Era más fácil, y su corazón se lo pedía. -Ya lo sé, a ti sólo se te pueden ofrecer recetas de pastel de chocolate, dijo la otra, molesta.
A esto sí accedió, entusiasmada. Exigiendo una receta escrita. Y que la otra telefoneara a la madre, para que confirmara los ingredientes que en ese momento le dictaba la memoria. En casa, por lo estricto de los gastos, no pudo prepararla. Pero se consolaba: en cuanto ame a alguien lo sorprenderé con mis postres. Acarició siempre la esperanza de que los pasteles de chocolate fueran la sobremesa del marido. Los dulces sólo servían para consentir al amado. Tanta simplicidad conmovía a Norma. Años más tarde, cuando se separaron y fue perdiendo los amigos, su destino era renunciar al mundo para conservar el amor. Antes de alejarse para siempre, Norma le dijo, poniéndole la mano en el hombro:
-Esto tenía que pasarte.
Quiso aún explicar, decirle que se engañaba. Pero Norma se marchó sin mirar atrás, caminando con decisión.
Cuando él volvió meses después, le trajo regalos, besó largamente su cabello, que según afirmaba, olía a cielo, le hizo ver la importancia del viaje, no se arrepentía de haberse ido por el placer del regreso. A ella le pareció gentil su explicación. Corrió a la cocina, antes de que él la llevara a la alcoba. Valiéndose de dosis exactas trató de lograr la perfección. No admitía el amor sin que el pastel estuviera esperándolos, especialmente los días de fiesta. Él rió, encantado de aquel capricho, no se sentía con derecho a protestar. También él respetaba su libertad. Dejó que terminara. Ella volvió al fin, como diciéndole estoy lista para tu difícil ausencia. Siempre era discreta en las cosas del amor, y él apreciaba su recato. Repudiaría un proceder atrevido, que mancharía para siempre la ilusión de poseerla como si aún fuese la primera vez. Intuyéndolo, ella escondía la cabeza en la almohada, velando sus dulces lágrimas. Él gritaba, como un vasallo del rey Arturo: ¡Las mujeres son gratas! ¡Las mujeres son gratas!
Ella interpretaba el sentido de sus palabras. Secaba sus lágrimas, entregándose con pudor. Jamás rehusaba tales escenas. A veces se repetían a la semana siguiente. Él fingía no advertir que ese encanto amenazaba con agotarse. Hacía cuanto podía para renovarlo. Por eso la amó tanto durante aquellos años. Su fantasía se apoyaba también en las sorpresas. En ocasiones adoptaba disfraces, barbas y bigotes falsos, pelucas. Llegaba sin prisa, dando tiempo a la sospecha de los vecinos, y no para que pensaran que ella lo engañaba, sino porque le divertía crear esas ilusiones.
Obediente, ella se exaltaba. Aunque sufriera su ausencia. Su amor en días difíciles se inquietaba de tal modo que consultaba el calendario con la esperanza de que fuera día de pastel de chocolate, cuando sin duda él vendría. Hasta el fin del año, el calendario registraba todos los días de su visita. Ella jamás le sugirió un cambio de fecha, o una mayor asiduidad. Respetaba aquel sistema.
En los comienzos de mes, sin embargo, él llegaba más temprano, trayendo el dinero para los gastos de la casa, y cualquier excedente que le hiciera falta. Lo depositaba sobre la frutera, aunque hubiera en ella bananas, peras, manzanas que ella adoraba, imaginándose entre la nieve. No sabía explicarlo, pero comiendo manzanas se sentía elegante, de guantes pécari importados, hablando francés y con un pañuelo de seda en la cabeza.
Dejaba allí el dinero hasta que él partía. Después, lo ponía junto al misal. Los dos se sometían a los ritos.
Un día le dijo: Vamos a salir ya mismo, porque nunca hemos ido al cine, y como quiero ir al cine contigo antes de morir, es hora de que cumplamos mi deseo.
Ella lo abrazó llorando de alegría: ¡Eres mío, cómo eres mío!
Fueron y no se divirtieron, él tildó de obscenos los episodios de amor. Ella no estuvo de acuerdo, pero su felicidad no la impulsaba a la insistencia. Comieron helado mientras él seguía protestando. Ella se manchó el vestido, y entonces él rió, le gustaban sus curiosas intuiciones, su modo de errar en las cosas pequeñas.
La madre la visitaba dos o tres veces al año. Todavía cosía por encargo. Discretamente, preguntaba por él. Temía irritarla. Nunca había comprendido aquel casamiento. Él se había opuesto a que usara vestido de novia, alegando que el traje nupcial sólo debía ser visto por el esposo. Pero después de la ceremonia, ya a solas en el cuarto, le obsequió un vestido blanco, con velo y guirnaldas. Esa primera noche ella surgió ataviada a la medida de sus sueños, y él cerró los ojos y los abrió de nuevo para ver si ella estaba aún a su lado, la mujer que amaba, y conmovido habló del modo que ella comprendía: Estás hermosa, sólo faltaría que el sacerdote nos casara de nuevo, y cuando en medio de la noche conocieron sus cuerpos, él le pidió que reposara, porque era él quien debía colgar en el armario el vestido de novia comprado para ella, con ninguna otra mujer podría haber obrado de esa manera, y ella nunca lo olvidó.
Así pues, cuando la madre la visitaba, la hija le preguntaba por el padre, cómo iban las cosas, sin invitarla nunca a quedarse, aunque vivía lejos, viajaba horas en tren para regresar a su casa. En aquellas breves visitas, la hija de nada se quejaba. Parecía encantada con su situación. La madre nunca había visto una mujer más feliz. A veces sentía deseos de preguntar: A qué hora llega él. O prolongar la visita para verlo cuando viniera a cenar.
Pero, a partir de las cuatro, la hija empezaba a ponerse inquieta, se levantaba a cada rato pretextando naderías, fingía ocupaciones, él solía demorarse, le aseguraba ansiosa. A la hora de la despedida, la madre siempre repetía: Bonita vuestra casa.
A la semana siguiente, adivinando, él preguntaba: ¿Y tu madre, nunca volvió? Ella ponía una cara triste, abrazada a él susurraba: -Sólo te tengo a ti en el mundo. Él la besaba, y como pidiendo disculpas, decía: Vuelvo el próximo miércoles, ¿estás contenta? Ella sonreía, el rostro brillante, los cabellos como a él le gustaban. Ya con algunos hilos blancos. Hilos que él respetaba, pensando: Ella es pura, es pura.
Un día no resistió, llegó disfrazado, en una última tentativa de confundir a los vecinos. Traía en las manos sendas maletas. Ella sufrió en silencio la perspectiva de una larga ausencia. Lo ayudó como si estuviera cansado, la vida era dura para él. Le trajo agua helada, lamentando no tener una fuente en el solar, de tenerla la adornaría con piedras, tal vez pondría una imagen. El hombre bebió, se quitó el disfraz que nunca había recibido de ella censura alguna. Y asumiendo una fingida independencia habló en voz alta, para que ella escuchara:
-Terminó el tiempo de prueba. Esta vez vine para quedarme.
La mujer lo miró, escondiendo su profunda alegría, y corrió después a la cocina. Nadie la superaba en los pasteles de chocolate.
Nélida Piñon
Una vez por semana visitaba a la mujer. Para exaltarse, lo decía conmovido. Ella lo creía, y lo recibía con pastel de chocolate, licor de peras y frutas recogidas en la huerta. Los vecinos comentaban aquellos extraños encuentros, pero ella lo quería cada vez más. Él, adivinando su vida fácil, le pedía disculpas con los ojos, como diciendo, de qué otro modo debo amarte.
Comía el pastel y rehusaba lo demás. Aunque la mujer insistiera. Es por ceremonia, pensaba ella escondiéndose en su sombra. Una vez le preparó una cena sorpresa. La comida olía muy bien, las esencias acababan de llegar de la China. Brillaban los cubiertos y los adornos comprados especialmente para el día de la fiesta, cuando él abriría los ojos, encantado.
El hombre observó todo con aprobación. Siempre la había juzgado sensible a la armonía, a la gracia. Una confianza que sintió desde el mismo instante en que se conocieron: en el tranvía, advirtiendo que había olvidado el dinero del pasaje, ella miró a su alrededor sin decidirse a pedir auxilio. Él pagó y le dijo, casi en un susurro, yo también necesito ayuda, ella sonrió y él le tomó la mano, ella accedió con timidez, y cuando la dejó a salvo frente a su puerta le prometió volver al día siguiente.
-No insistas, no quiero cenar. Con naturalidad, parecía un pez inspeccionando el mar. Ella lloró, pensando, entre tantos hombres Dios me destinó el más difícil. Fue el único instante de desfallecimiento de su amor. Al otro día recibió rosas, y la tarjeta tan sólo decía: amor. Ella rió arrepentida, condenando su incontinencia. No debía haberlo sometido a semejante prueba, que él rehusó heroicamente. En la siguiente visita la amó con fervor de apátrida, y repetía en voz baja su nombre.
Una vez desapareció tres meses, sin cartas, telegramas ni llamadas telefónicas. Ella pensó, voy a morir. En torno de la misma mesa, el mantel pintado de rojo, que había preparado durante un largo sábado, la cama de sábanas blancas, que ella lavaba personalmente, evitando el exceso de anilina, la casa, en fin, que él dejó de frecuentar sin dar aviso. Recorría las calles y a cada suspiro agregaba:
-¿Qué es de la mujer sin la historia de su amor?
Había cursado el bachillerato en su ciudad natal. No quiso ser profesora. Desde pequeña soñaba con casarse. Su única ambición. Temía al hijo ajeno sustrayéndole una fuerza que los de su propia carne merecían. La madre protestó, necesitaban dinero. El padre había perdido el empleo, la edad le pesaba. Terminó en el mostrador de la farmacia de su padrino, y la madre, cosiendo por encargo. A ella le correspondía encargarse de los oficios de la casa, ya que se negaba a ejercer el magisterio. Fue entonces cuando descubrió los encantos de la cocina. Pero la receta del pastel vino más tarde. Norma apareció, muy elegante, con su vestido amarillo, pidiéndole ayuda para coser una falda plisada, modelo que había visto en el puesto de revistas de la esquina. Aunque pensaba que Norma era frívola, siempre insistiendo en que la acompañara a los bailes donde se pescaba novio con facilidad, nunca la censuró. Conoció entonces a la otra, amiga lejana de Norma. Compañeras en el curso de dactilografía, las dos ansiaban trabajar en una firma americana. Después viajarían a Estados Unidos, pasearían por la Quinta Avenida. Norma soñaba en conquistar un oficial americano. Lamentando que ya no nos visitaran, como en la época de la guerra. La otra oía, casi al final le preguntó:
-¿No quieres venir? Se refería a la entrevista en la firma americana. Negó con la cabeza. Le dio vergüenza explicar que quería casarse. Era más fácil, y su corazón se lo pedía. -Ya lo sé, a ti sólo se te pueden ofrecer recetas de pastel de chocolate, dijo la otra, molesta.
A esto sí accedió, entusiasmada. Exigiendo una receta escrita. Y que la otra telefoneara a la madre, para que confirmara los ingredientes que en ese momento le dictaba la memoria. En casa, por lo estricto de los gastos, no pudo prepararla. Pero se consolaba: en cuanto ame a alguien lo sorprenderé con mis postres. Acarició siempre la esperanza de que los pasteles de chocolate fueran la sobremesa del marido. Los dulces sólo servían para consentir al amado. Tanta simplicidad conmovía a Norma. Años más tarde, cuando se separaron y fue perdiendo los amigos, su destino era renunciar al mundo para conservar el amor. Antes de alejarse para siempre, Norma le dijo, poniéndole la mano en el hombro:
-Esto tenía que pasarte.
Quiso aún explicar, decirle que se engañaba. Pero Norma se marchó sin mirar atrás, caminando con decisión.
Cuando él volvió meses después, le trajo regalos, besó largamente su cabello, que según afirmaba, olía a cielo, le hizo ver la importancia del viaje, no se arrepentía de haberse ido por el placer del regreso. A ella le pareció gentil su explicación. Corrió a la cocina, antes de que él la llevara a la alcoba. Valiéndose de dosis exactas trató de lograr la perfección. No admitía el amor sin que el pastel estuviera esperándolos, especialmente los días de fiesta. Él rió, encantado de aquel capricho, no se sentía con derecho a protestar. También él respetaba su libertad. Dejó que terminara. Ella volvió al fin, como diciéndole estoy lista para tu difícil ausencia. Siempre era discreta en las cosas del amor, y él apreciaba su recato. Repudiaría un proceder atrevido, que mancharía para siempre la ilusión de poseerla como si aún fuese la primera vez. Intuyéndolo, ella escondía la cabeza en la almohada, velando sus dulces lágrimas. Él gritaba, como un vasallo del rey Arturo: ¡Las mujeres son gratas! ¡Las mujeres son gratas!
Ella interpretaba el sentido de sus palabras. Secaba sus lágrimas, entregándose con pudor. Jamás rehusaba tales escenas. A veces se repetían a la semana siguiente. Él fingía no advertir que ese encanto amenazaba con agotarse. Hacía cuanto podía para renovarlo. Por eso la amó tanto durante aquellos años. Su fantasía se apoyaba también en las sorpresas. En ocasiones adoptaba disfraces, barbas y bigotes falsos, pelucas. Llegaba sin prisa, dando tiempo a la sospecha de los vecinos, y no para que pensaran que ella lo engañaba, sino porque le divertía crear esas ilusiones.
Obediente, ella se exaltaba. Aunque sufriera su ausencia. Su amor en días difíciles se inquietaba de tal modo que consultaba el calendario con la esperanza de que fuera día de pastel de chocolate, cuando sin duda él vendría. Hasta el fin del año, el calendario registraba todos los días de su visita. Ella jamás le sugirió un cambio de fecha, o una mayor asiduidad. Respetaba aquel sistema.
En los comienzos de mes, sin embargo, él llegaba más temprano, trayendo el dinero para los gastos de la casa, y cualquier excedente que le hiciera falta. Lo depositaba sobre la frutera, aunque hubiera en ella bananas, peras, manzanas que ella adoraba, imaginándose entre la nieve. No sabía explicarlo, pero comiendo manzanas se sentía elegante, de guantes pécari importados, hablando francés y con un pañuelo de seda en la cabeza.
Dejaba allí el dinero hasta que él partía. Después, lo ponía junto al misal. Los dos se sometían a los ritos.
Un día le dijo: Vamos a salir ya mismo, porque nunca hemos ido al cine, y como quiero ir al cine contigo antes de morir, es hora de que cumplamos mi deseo.
Ella lo abrazó llorando de alegría: ¡Eres mío, cómo eres mío!
Fueron y no se divirtieron, él tildó de obscenos los episodios de amor. Ella no estuvo de acuerdo, pero su felicidad no la impulsaba a la insistencia. Comieron helado mientras él seguía protestando. Ella se manchó el vestido, y entonces él rió, le gustaban sus curiosas intuiciones, su modo de errar en las cosas pequeñas.
La madre la visitaba dos o tres veces al año. Todavía cosía por encargo. Discretamente, preguntaba por él. Temía irritarla. Nunca había comprendido aquel casamiento. Él se había opuesto a que usara vestido de novia, alegando que el traje nupcial sólo debía ser visto por el esposo. Pero después de la ceremonia, ya a solas en el cuarto, le obsequió un vestido blanco, con velo y guirnaldas. Esa primera noche ella surgió ataviada a la medida de sus sueños, y él cerró los ojos y los abrió de nuevo para ver si ella estaba aún a su lado, la mujer que amaba, y conmovido habló del modo que ella comprendía: Estás hermosa, sólo faltaría que el sacerdote nos casara de nuevo, y cuando en medio de la noche conocieron sus cuerpos, él le pidió que reposara, porque era él quien debía colgar en el armario el vestido de novia comprado para ella, con ninguna otra mujer podría haber obrado de esa manera, y ella nunca lo olvidó.
Así pues, cuando la madre la visitaba, la hija le preguntaba por el padre, cómo iban las cosas, sin invitarla nunca a quedarse, aunque vivía lejos, viajaba horas en tren para regresar a su casa. En aquellas breves visitas, la hija de nada se quejaba. Parecía encantada con su situación. La madre nunca había visto una mujer más feliz. A veces sentía deseos de preguntar: A qué hora llega él. O prolongar la visita para verlo cuando viniera a cenar.
Pero, a partir de las cuatro, la hija empezaba a ponerse inquieta, se levantaba a cada rato pretextando naderías, fingía ocupaciones, él solía demorarse, le aseguraba ansiosa. A la hora de la despedida, la madre siempre repetía: Bonita vuestra casa.
A la semana siguiente, adivinando, él preguntaba: ¿Y tu madre, nunca volvió? Ella ponía una cara triste, abrazada a él susurraba: -Sólo te tengo a ti en el mundo. Él la besaba, y como pidiendo disculpas, decía: Vuelvo el próximo miércoles, ¿estás contenta? Ella sonreía, el rostro brillante, los cabellos como a él le gustaban. Ya con algunos hilos blancos. Hilos que él respetaba, pensando: Ella es pura, es pura.
Un día no resistió, llegó disfrazado, en una última tentativa de confundir a los vecinos. Traía en las manos sendas maletas. Ella sufrió en silencio la perspectiva de una larga ausencia. Lo ayudó como si estuviera cansado, la vida era dura para él. Le trajo agua helada, lamentando no tener una fuente en el solar, de tenerla la adornaría con piedras, tal vez pondría una imagen. El hombre bebió, se quitó el disfraz que nunca había recibido de ella censura alguna. Y asumiendo una fingida independencia habló en voz alta, para que ella escuchara:
-Terminó el tiempo de prueba. Esta vez vine para quedarme.
La mujer lo miró, escondiendo su profunda alegría, y corrió después a la cocina. Nadie la superaba en los pasteles de chocolate.
Nélida Piñon
domingo, noviembre 27, 2005
ALGUNAS VECES ME ASUSTA LO QUE ESCRIBO
“Algunas veces me asusta lo que escribo,
pero no puedo mirar a otro lado.
Y no miraré.
Ese es el único lugar al que me dirijo...
Y es un lugar libre”.
Toni Morrison
Premio Pulitzer 1998 y Premio Nobel en 1993:
pero no puedo mirar a otro lado.
Y no miraré.
Ese es el único lugar al que me dirijo...
Y es un lugar libre”.
Toni Morrison
Premio Pulitzer 1998 y Premio Nobel en 1993:
domingo, noviembre 20, 2005
EL POEMA DE LA ROPA SUCIA
Este es el poema de la ropa sucia
porque hemos viajado de ciudad en ciudada
cumulando ropa blanca sucia y sudadas camisas,
blue-jeans costrosos y grumosos de nuestro jugo y remeras ajadas por nuestra gloriosamente desordenada pasión
y ropa interior tiesa por nuestro gozo.
He vuelto a casa a lavar mis ropas,
dan golpecitos en el piso del baño como lluvia,
el agua se lleva goteando los días hasta ti
el agua sucia me habla de amor.
Vaporosa en las burbujas de nuestro amor,
he zambullido mis manos en agua caliente
como podría zambullirlas
en tu corazón.
Después de años de manchas y chapoteos
estoy finalmente limpiándome.
Volaré hacia ti con una valija de nueva ropa sucia,
me despojaré de mi ropa, la amontonaré en el suelo,
y dejaré que friegues mi cuerpo con tu amor.
(Erika Jong)
porque hemos viajado de ciudad en ciudada
cumulando ropa blanca sucia y sudadas camisas,
blue-jeans costrosos y grumosos de nuestro jugo y remeras ajadas por nuestra gloriosamente desordenada pasión
y ropa interior tiesa por nuestro gozo.
He vuelto a casa a lavar mis ropas,
dan golpecitos en el piso del baño como lluvia,
el agua se lleva goteando los días hasta ti
el agua sucia me habla de amor.
Vaporosa en las burbujas de nuestro amor,
he zambullido mis manos en agua caliente
como podría zambullirlas
en tu corazón.
Después de años de manchas y chapoteos
estoy finalmente limpiándome.
Volaré hacia ti con una valija de nueva ropa sucia,
me despojaré de mi ropa, la amontonaré en el suelo,
y dejaré que friegues mi cuerpo con tu amor.
(Erika Jong)
jueves, septiembre 29, 2005
NO TE DES POR VENCIDO
No te des por vencido
ni aún vencido,
no te sientas esclavo
ni aún esclavo;
trémulo de pavor,
piénsate bravo
y arremete feroz
ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido,
que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que emaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora,
o como Lucifer que nunca reza,
o como el robledal cuya grandeza,
necesita del agua y no la implora...
¡ Qué muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
ALMA FUERTE
ni aún vencido,
no te sientas esclavo
ni aún esclavo;
trémulo de pavor,
piénsate bravo
y arremete feroz
ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido,
que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que emaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora,
o como Lucifer que nunca reza,
o como el robledal cuya grandeza,
necesita del agua y no la implora...
¡ Qué muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
ALMA FUERTE
viernes, septiembre 23, 2005
Sueños, entre recuerdos...
Vienes de un relato,
surges en un cielo soñado,
desde un viento crispado
con él baja la temperatura, despierta la humanidad.
Te rodea mi idealismo,
a lo Corín Tellado...
En ella se ha perdido lo imprevisto
y los guiones,
sólo el limbo
que reconforta y protege.
En el recuerdo
mis sueños acarician lo que intuyen de ti
y se demoran, insaciables, como a la espera
sobre una utopía,
de un mensaje,
una cita,
que se abra una puerta.
y me invites a entrar.
María Alventosa Talens
Septiembre de 2005
surges en un cielo soñado,
desde un viento crispado
con él baja la temperatura, despierta la humanidad.
Te rodea mi idealismo,
a lo Corín Tellado...
En ella se ha perdido lo imprevisto
y los guiones,
sólo el limbo
que reconforta y protege.
En el recuerdo
mis sueños acarician lo que intuyen de ti
y se demoran, insaciables, como a la espera
sobre una utopía,
de un mensaje,
una cita,
que se abra una puerta.
y me invites a entrar.
María Alventosa Talens
Septiembre de 2005
Dualidad anhelada...
Dualidad anhelada...
El único amante a quien siempre ama
la enajena...
El único hombre ante el que decrece...
la destruye.
La oscuridad anega su senda compartida,
transmutando en herida silenciosa.
Ante el pánico,
dualidad
que asfixia su intención.
Está cansada
a punto de ceder,
hace mucho tiempo
que la muerte la observa.
Él,
el hombre,
duerme.
No hay nada
que perturbe sus sueños,
estaba prevenido.
Ella misma
le dio las instrucciones
para usarla.
Los fantasmas abordan la mente
de la que siempre lo ama,
bebiendo del desastre
y en silencio.
Ahora llueve,
afuera y adentro.
María Alventosa
Valencia 17 de Septiembre de 2005
El único amante a quien siempre ama
la enajena...
El único hombre ante el que decrece...
la destruye.
La oscuridad anega su senda compartida,
transmutando en herida silenciosa.
Ante el pánico,
dualidad
que asfixia su intención.
Está cansada
a punto de ceder,
hace mucho tiempo
que la muerte la observa.
Él,
el hombre,
duerme.
No hay nada
que perturbe sus sueños,
estaba prevenido.
Ella misma
le dio las instrucciones
para usarla.
Los fantasmas abordan la mente
de la que siempre lo ama,
bebiendo del desastre
y en silencio.
Ahora llueve,
afuera y adentro.
María Alventosa
Valencia 17 de Septiembre de 2005
miércoles, septiembre 07, 2005
CIUDAD DE CRISTAL
Cada vez que daba un paseo se sentía como si se dejara a sí mismo atrás, y entregándose al movimiento de las calles, reduciéndose a un ojo que ve, lograba escapar a la obligación de pensar. Y eso, más que nada, le daba cierta paz, un saludable vacío interior. El mundo estaba fuera de él, a su alrededor, delante de él, y la velocidad a la que caminaba le hacía imposible fijar su atención en ninguna cosa por mucho tiempo. El movimiento era lo esencial, el acto de poner un pie delante del otro y permitirse seguir el rumbo de su propio cuerpo. Mientras vagaba sin propósito, todos los lugares se volvían iguales, y daba igual donde estuviese. En sus mejores paseos conseguía sentir que no estaba en ningún sitio."
(Fragmento de “Ciudad de Cristal” de Paul Auster
(Fragmento de “Ciudad de Cristal” de Paul Auster
Energías desatadas, mentiras amordazadas...
Escribo poesía
levanto pasiones
describo mi vida
Destrozo emociones…
Más tarde, me compadezco de mis ojos
Y lloro.
Mentiras amordazadas.
Un tiempo después
Mis letras agradecen mi compasión.
Sonámbula, ando de puntillas,
no quiero despertar.
Estoy delirando,
una visión tras otra…
con tal de no escuchar
el diáfano idioma de mi vida.
Energías desatadas.
Necesito que me muestren,
aceleradamente,
automáticamente…
la lujuria de vivir en retirada.
No soy un ángel,
Quizá sí sea:
Una gran bestia seductora.
La brisa trae una sombra oscura,
con ella los demonios
para sobrevivir.
Y ahora soy un obelisco plagado de espejos,
Desde ellos,
quiero pasar adentro
del silencio.
No me gustan las noticias,
son silencios subterráneos
donde camuflar los hechos.
Me despojo del disfraz parodiado,
lleno de mentiras,
en mi alma llueve…
ya no figura ningún registro,
al igual que en la política…
Siento dos realidades
y no avanzamos,
una es la que mis ojos ven:
una tortura, el presente.
La otra,
la de ellos…
traza demonios en laberintos,
encima de una farsa
suavizada y encogida
que se burla del silencio…
El himno suena así:
Energías desatadas
Mentiras amordazadas…
Entre silencios habito,
con la esperanza insensata
de que en cualquier momento
alguien entenderá el himno
y finalmente será un archivo.
María Alventosa
levanto pasiones
describo mi vida
Destrozo emociones…
Más tarde, me compadezco de mis ojos
Y lloro.
Mentiras amordazadas.
Un tiempo después
Mis letras agradecen mi compasión.
Sonámbula, ando de puntillas,
no quiero despertar.
Estoy delirando,
una visión tras otra…
con tal de no escuchar
el diáfano idioma de mi vida.
Energías desatadas.
Necesito que me muestren,
aceleradamente,
automáticamente…
la lujuria de vivir en retirada.
No soy un ángel,
Quizá sí sea:
Una gran bestia seductora.
La brisa trae una sombra oscura,
con ella los demonios
para sobrevivir.
Y ahora soy un obelisco plagado de espejos,
Desde ellos,
quiero pasar adentro
del silencio.
No me gustan las noticias,
son silencios subterráneos
donde camuflar los hechos.
Me despojo del disfraz parodiado,
lleno de mentiras,
en mi alma llueve…
ya no figura ningún registro,
al igual que en la política…
Siento dos realidades
y no avanzamos,
una es la que mis ojos ven:
una tortura, el presente.
La otra,
la de ellos…
traza demonios en laberintos,
encima de una farsa
suavizada y encogida
que se burla del silencio…
El himno suena así:
Energías desatadas
Mentiras amordazadas…
Entre silencios habito,
con la esperanza insensata
de que en cualquier momento
alguien entenderá el himno
y finalmente será un archivo.
María Alventosa
REVISTA EL LABERINTO
Definen a Laberinto como:
-publicación de artículos y textos que analicen las contreadiciones de la sociedad y el estudio y desarrollo de las teorías que ayuden a superarla.
-Instrumento para el encuentro de personas, con o sin afiliación politica, creandose lazos entre todos los que son afines a la revista.
-Lugar de debate, crítica y autocrítica entre lectores y colaboradores.
La revista sale a la luz en Octubre de 1999...
Revista Laberinto
http://laberinto.uma.es
-publicación de artículos y textos que analicen las contreadiciones de la sociedad y el estudio y desarrollo de las teorías que ayuden a superarla.
-Instrumento para el encuentro de personas, con o sin afiliación politica, creandose lazos entre todos los que son afines a la revista.
-Lugar de debate, crítica y autocrítica entre lectores y colaboradores.
La revista sale a la luz en Octubre de 1999...
Revista Laberinto
http://laberinto.uma.es
martes, septiembre 06, 2005
CULTURA
Nace la revista sin permiso...
El consejo de Redacción sin permiso:
Lo seguro no es seguro.
Lo que es, no persistirá como es...
Y del jamás, saldrá el todavía
Bertol Brecht
El consejo de Redacción sin permiso:
Lo seguro no es seguro.
Lo que es, no persistirá como es...
Y del jamás, saldrá el todavía
Bertol Brecht
martes, agosto 30, 2005
SI DIOS FUERA MUJER
¿y si Dios fuera mujer?
-Juan Gelman
¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.
Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.
Mario Benedetti
-Juan Gelman
¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.
Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.
Mario Benedetti
sábado, agosto 27, 2005
EL SECRETO DE ANDAR POR LA NOCHE
Anoche leí poemas tuyos
en un bar de San Telmo.
Anoche aquellos poemas partieron de viaje
como en otras noches que los viernes proponen
y se excusan prolongadas / esfumadas en sus designios.
Escaparon bebidos por una rosa insaciable.
Anoche leí poemas tuyos
y regresé muy tarde a casa.
Te busqué en la cocina,
luego di una vuelta por la biblioteca
pero sólo un viento azul
giraba incesante en el aire,
en esa hora
hora en que bajan los ángeles
aquellos ángeles
que sólo saludan a María.
Marcelo Marcolin
en un bar de San Telmo.
Anoche aquellos poemas partieron de viaje
como en otras noches que los viernes proponen
y se excusan prolongadas / esfumadas en sus designios.
Escaparon bebidos por una rosa insaciable.
Anoche leí poemas tuyos
y regresé muy tarde a casa.
Te busqué en la cocina,
luego di una vuelta por la biblioteca
pero sólo un viento azul
giraba incesante en el aire,
en esa hora
hora en que bajan los ángeles
aquellos ángeles
que sólo saludan a María.
Marcelo Marcolin
sábado, agosto 13, 2005
SOY...
¿Soy tu Dios
tu amorcito
tu todo?
Si no soy tu Dios, tu amorcito, tu todo...
no te molestes en pulsar el timbre de mi catacumba.
No estoy para nadie
que mienta menos que esto.
Carlos Patiño
tu amorcito
tu todo?
Si no soy tu Dios, tu amorcito, tu todo...
no te molestes en pulsar el timbre de mi catacumba.
No estoy para nadie
que mienta menos que esto.
Carlos Patiño
martes, agosto 09, 2005
LA DEL PIRATA COJO
No soy un fulano
con la lágrima fácil,
de esos que se quejan sólo por vicio.
Si la vida se deja yo le meto mano
y si no aún me excita mi oficio,
y como además sale gratis soñar
y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación
partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas,
a probarme otros nombres,
a colarme en el traje y la piel
de todos los hombres
que nunca seré:
Al Capone en Chicago
legionario en Melilla
pintor en Montparnasse.
Mercenario en Damasco
costalero en Sevilla
negro en Nueva Orleans.
Viejo verde en Sodomade
portado en Siberia
sultán en un harén.
¿Policía? ni en broma
triunfador de la feria
gitanito en Jerez.
Tahur en Montecarlo
cigarrillo en tu boca
taxista en Nueva York.
El más chulo del barrio
tiro porque me toca
suspenso en religión.
Confesor de la reina
banderillero en Cádiz
tabernero en Dublín.
Billarista a tres bandas
insumiso en el cielo
dueño de un cabaret.
Arañazo en tu espalda
tenor en Rigoletto
pianista de un burdel.
Bongosero en la Habana
casanova en Venecia
anciano en ShangriLa.
Polizón en tu cama
vocalista de orquesta
mejor tiempo en Le Mans
Cronista de sucesos
detective en apuros
conservado en alcóhol.
Violador en tus sueños
suicida en el viaducto
guapo en un culebrón.
Morfinómano en China
desertor en la guerra
boxeador en Detroit.
Cazador en la India
marinero en Marsella
fotógrafo en Play Boy.
Pero si me dan a elegir
entre todas las vidas,
yo escojola del pirata cojo
con pata de palocon parche en el ojo,
con cara de malo,
el viejo truhán,
capitán
de un barco que tuviera
por bandera
un par de tibias y una calavera.
Joaquin Sabina
con la lágrima fácil,
de esos que se quejan sólo por vicio.
Si la vida se deja yo le meto mano
y si no aún me excita mi oficio,
y como además sale gratis soñar
y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación
partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas,
a probarme otros nombres,
a colarme en el traje y la piel
de todos los hombres
que nunca seré:
Al Capone en Chicago
legionario en Melilla
pintor en Montparnasse.
Mercenario en Damasco
costalero en Sevilla
negro en Nueva Orleans.
Viejo verde en Sodomade
portado en Siberia
sultán en un harén.
¿Policía? ni en broma
triunfador de la feria
gitanito en Jerez.
Tahur en Montecarlo
cigarrillo en tu boca
taxista en Nueva York.
El más chulo del barrio
tiro porque me toca
suspenso en religión.
Confesor de la reina
banderillero en Cádiz
tabernero en Dublín.
Billarista a tres bandas
insumiso en el cielo
dueño de un cabaret.
Arañazo en tu espalda
tenor en Rigoletto
pianista de un burdel.
Bongosero en la Habana
casanova en Venecia
anciano en ShangriLa.
Polizón en tu cama
vocalista de orquesta
mejor tiempo en Le Mans
Cronista de sucesos
detective en apuros
conservado en alcóhol.
Violador en tus sueños
suicida en el viaducto
guapo en un culebrón.
Morfinómano en China
desertor en la guerra
boxeador en Detroit.
Cazador en la India
marinero en Marsella
fotógrafo en Play Boy.
Pero si me dan a elegir
entre todas las vidas,
yo escojola del pirata cojo
con pata de palocon parche en el ojo,
con cara de malo,
el viejo truhán,
capitán
de un barco que tuviera
por bandera
un par de tibias y una calavera.
Joaquin Sabina
VOY HACERTE FELIZ
Voy a hacerte feliz.
Sufrirás tanto
que le pondrás mi nombre a la tristeza.
Mal contrastada, en tu balanza empieza
la caricia a valer menos que el llanto.
Cuánto me vas a enriquecer y cuánto
te vas a avergonzar de tu pobreza,
cuando aprendas -a solas- qué belleza
tiene la cara amarga del encanto.
Para ser tan feliz como yo he sido,
besa la espina, tiembla ante la rosa,
bendice con el labio malherido,
juégate entero contra cualquier cosa.
Yo entero me jugué. Ya me ha perdido.
Mira si mi venganza es generosa.
Antonio Gala
Sufrirás tanto
que le pondrás mi nombre a la tristeza.
Mal contrastada, en tu balanza empieza
la caricia a valer menos que el llanto.
Cuánto me vas a enriquecer y cuánto
te vas a avergonzar de tu pobreza,
cuando aprendas -a solas- qué belleza
tiene la cara amarga del encanto.
Para ser tan feliz como yo he sido,
besa la espina, tiembla ante la rosa,
bendice con el labio malherido,
juégate entero contra cualquier cosa.
Yo entero me jugué. Ya me ha perdido.
Mira si mi venganza es generosa.
Antonio Gala
jueves, agosto 04, 2005
RECUERDA, CUERPO...
Recuerda, cuerpo, no sólo cuándo se te amo,
no sólo los lechos donde te reclinaste,
mas también aquellos deseos que, por ti,
en miradas brillaron claramente
y en la voz se estremecieron-y que un
obstáculo fortuito los frustró.
Ahora que todo se halla en el pasado,
parece casi que a los deseos
aquellos te hubieras entregado-cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo en la voz por ti se estremecían, recuerda, cuerpo.
Constantin Cavafis 1918
no sólo los lechos donde te reclinaste,
mas también aquellos deseos que, por ti,
en miradas brillaron claramente
y en la voz se estremecieron-y que un
obstáculo fortuito los frustró.
Ahora que todo se halla en el pasado,
parece casi que a los deseos
aquellos te hubieras entregado-cómo brillaban,
recuerda, en los ojos que te miraban;
cómo en la voz por ti se estremecían, recuerda, cuerpo.
Constantin Cavafis 1918
martes, agosto 02, 2005
Perdón; pido a los ausentes
Teníais una cosa
que muchos deseaban
por su poder:
dinero...
Entonces, un iluminado
poderoso y malo como el veneno
invento algo...
La raza pura;
pura ¿de qué,
de quién...?
Aquella mentira fue creciendo
pues tenían que arrebataros
el dinero.
Y os quitaron
incluso la vida.
Diseñaban barracones
para exterminaros;
construían celdas,
bunkers,
crematorios...
Era un secreto a voces,
representaban la muerte.
No quiero reconstruir
para la esperanza,
sólo pretendo que no olvidéis...
El hombre
tiene memoria frágil
y yo un cuerpo helado.
Pasaron cosas,
paradojas...
que marcarían
un antes y un después.
Sin justificación alguna,
alambradas: hambre,
enfermedades,
palizas,
y...
torturas.
Más tarde,
se repite la historia,
pero esta vez
sois vosotros los hostigadores.
Los otros
tienen algo
que vosotros queréis,
una ciudad que se cierne sobre cables,
un territorio,
un tesoro...
Entonces, alguien
manipulando vuestro credo
lo convirtió
en el compás de su delirio,
tema sagrado,
espuela de venganzas...
¿De quién?
quizá de Dios,
dicen vuestros locos egregios.
Aquello fue creciendo
Hoy hay más muertos
más ausentes...
Teníais que despojarlos
del territorio
con escusas,
sin holocausto.
El resto de los mortales
os cree, o necesita hacerlo,
sólo porque ahora
sois el capital.
Otros dicen que actuáis por acumulación.
¿Y el resto, los que no hemos pactado?
Al final, los mismos sucesos
torturas
equipaje de heridas
y cadáveres innecesarios;
pero menos expresados
más silenciados
y muy manipulados
Levando anclas...
Por ambas ambas partes
causa y efecto
viaje a los infiernos
con lágrimas de polvo.
Noticias
noticio
desde aquí
desde adentro
la letra herida
venera su dolor
con una reverencia sin final
pide perdón
sin importar el credo
por todos ellos
los ausentes.
María Alventosa
que muchos deseaban
por su poder:
dinero...
Entonces, un iluminado
poderoso y malo como el veneno
invento algo...
La raza pura;
pura ¿de qué,
de quién...?
Aquella mentira fue creciendo
pues tenían que arrebataros
el dinero.
Y os quitaron
incluso la vida.
Diseñaban barracones
para exterminaros;
construían celdas,
bunkers,
crematorios...
Era un secreto a voces,
representaban la muerte.
No quiero reconstruir
para la esperanza,
sólo pretendo que no olvidéis...
El hombre
tiene memoria frágil
y yo un cuerpo helado.
Pasaron cosas,
paradojas...
que marcarían
un antes y un después.
Sin justificación alguna,
alambradas: hambre,
enfermedades,
palizas,
y...
torturas.
Más tarde,
se repite la historia,
pero esta vez
sois vosotros los hostigadores.
Los otros
tienen algo
que vosotros queréis,
una ciudad que se cierne sobre cables,
un territorio,
un tesoro...
Entonces, alguien
manipulando vuestro credo
lo convirtió
en el compás de su delirio,
tema sagrado,
espuela de venganzas...
¿De quién?
quizá de Dios,
dicen vuestros locos egregios.
Aquello fue creciendo
Hoy hay más muertos
más ausentes...
Teníais que despojarlos
del territorio
con escusas,
sin holocausto.
El resto de los mortales
os cree, o necesita hacerlo,
sólo porque ahora
sois el capital.
Otros dicen que actuáis por acumulación.
¿Y el resto, los que no hemos pactado?
Al final, los mismos sucesos
torturas
equipaje de heridas
y cadáveres innecesarios;
pero menos expresados
más silenciados
y muy manipulados
Levando anclas...
Por ambas ambas partes
causa y efecto
viaje a los infiernos
con lágrimas de polvo.
Noticias
noticio
desde aquí
desde adentro
la letra herida
venera su dolor
con una reverencia sin final
pide perdón
sin importar el credo
por todos ellos
los ausentes.
María Alventosa
lunes, agosto 01, 2005
Lágrimas de sangre en Madrid, un once de Marzo
Madrid llora
por los acontecimientos.
Con ella España
quizá el Mundo,
la Humanidad.
Dejémonos de hipocresías
de falacias,
y tratemos
de coexistir,
de solucionar,
evolucionar.
No al terrorismo,
al terror,
a matar
por la espalda
sin dar la cara,
sin dar opción.
Desde aquí,
desde mis letras,
al capital,
a los politicos,
al terrorismo
basta ya.
María Alventosa
por los acontecimientos.
Con ella España
quizá el Mundo,
la Humanidad.
Dejémonos de hipocresías
de falacias,
y tratemos
de coexistir,
de solucionar,
evolucionar.
No al terrorismo,
al terror,
a matar
por la espalda
sin dar la cara,
sin dar opción.
Desde aquí,
desde mis letras,
al capital,
a los politicos,
al terrorismo
basta ya.
María Alventosa
sábado, julio 23, 2005
Fin...
Después de un viaje
después de un desencuentro:
Deciden desguazar
un tren automático.
Tras sacar
de mi maleta
mi disfraz
de mujer independiente,
liberada,
y libre...
modelo años setenta,
me desvisto,
suelto lastre.
He citado
a mi cómplice
el Alquimista de Emociones.
Redactaré una carta,
que el leerá
por mí,
en silencio...
con una sola palabra:
Fin...
Maravilloso disfraz;
ajeno al dramático suceso,
al comienzo del segundo acto
de la tragedia,
el tren
puede ser desguazado,
por expertos y especialistas
en ingeniería emocional...
Dentro de mí
algo cambió
y no volverá a cambiar
jamás...
ya no pienso
ya no.
Y ahora
sólo tocas mi cansancio
y tú ya no me dueles
fíjate qué triste.
Y el sol saldrá, para ellos...
Fin...
María Alventosa
17 de Enero de 05
después de un desencuentro:
Deciden desguazar
un tren automático.
Tras sacar
de mi maleta
mi disfraz
de mujer independiente,
liberada,
y libre...
modelo años setenta,
me desvisto,
suelto lastre.
He citado
a mi cómplice
el Alquimista de Emociones.
Redactaré una carta,
que el leerá
por mí,
en silencio...
con una sola palabra:
Fin...
Maravilloso disfraz;
ajeno al dramático suceso,
al comienzo del segundo acto
de la tragedia,
el tren
puede ser desguazado,
por expertos y especialistas
en ingeniería emocional...
Dentro de mí
algo cambió
y no volverá a cambiar
jamás...
ya no pienso
ya no.
Y ahora
sólo tocas mi cansancio
y tú ya no me dueles
fíjate qué triste.
Y el sol saldrá, para ellos...
Fin...
María Alventosa
17 de Enero de 05
miércoles, julio 20, 2005
Ideas de Cataclismos
Heridas narcisistas y políticas
Metamos,
guardemos
tus ideas de cataclismo
en un cuarto oscuro;
sácate las telarañas
de tu mente,
primo...
Te negaron
editar el pergamino,
en el archivo supremo.
Cabeza Rapada,
alega...
que no fuiste pirata...
malo, muy malo,
quíza lleguéis a las manos
a través de la retórica,
sé que tendremos problemas.
Mientras los cronistas
de Cabeza Rapada
semejan una fortaleza
más bien un clan,
tú celebrarías
la muerte de Portal...
Yo mostraré
tu pergamino
en la puerta norte
de la ciudad secreta,
estos habitantes
saben la calidad
del documento,
su implicación politica...
y no pueden por menos
de elogiar
su inimitable estilo
y sus extraordinaria valia.
Tendremos cuidado
con las verdaderas arañas
para que no roben
tu transcripción,
de su nuevo destino.
Sin pronunciar una sílaba
Imaginábamos
Sospechábamos...
apuraron nuestra sorpresa:
devuélvenos, insensata
sus grafemas,
nosotros te retornaremos
a tu laberinto,
asesinada,
por tu ceguera...
22 de abril de 2004
A mi primo, con respeto...
María Alventosa
Metamos,
guardemos
tus ideas de cataclismo
en un cuarto oscuro;
sácate las telarañas
de tu mente,
primo...
Te negaron
editar el pergamino,
en el archivo supremo.
Cabeza Rapada,
alega...
que no fuiste pirata...
malo, muy malo,
quíza lleguéis a las manos
a través de la retórica,
sé que tendremos problemas.
Mientras los cronistas
de Cabeza Rapada
semejan una fortaleza
más bien un clan,
tú celebrarías
la muerte de Portal...
Yo mostraré
tu pergamino
en la puerta norte
de la ciudad secreta,
estos habitantes
saben la calidad
del documento,
su implicación politica...
y no pueden por menos
de elogiar
su inimitable estilo
y sus extraordinaria valia.
Tendremos cuidado
con las verdaderas arañas
para que no roben
tu transcripción,
de su nuevo destino.
Sin pronunciar una sílaba
Imaginábamos
Sospechábamos...
apuraron nuestra sorpresa:
devuélvenos, insensata
sus grafemas,
nosotros te retornaremos
a tu laberinto,
asesinada,
por tu ceguera...
22 de abril de 2004
A mi primo, con respeto...
María Alventosa
SIN TENER FE
César Ricaurte
Sin temer fe.
No se necesita, cuando una boca atrapa
a otra y sucesivamente se invierten los papeles.
Ahora me desnudo.
Introduzco la mano en mi cuerpo. Rebusco en mis vísceras.
Saco el corazón.
Te lo ofrezco entero, latiente y caliente.
Veo entre las sombras,
un viejo mendigo nos espía para cuando nos descuidemos
tirar piedras a los pájaros que anidan en nuestra ventana.
Un silencio salvaje protege al cuerpo de las heridas.
Sin temer fe.
No se necesita, cuando una boca atrapa
a otra y sucesivamente se invierten los papeles.
Ahora me desnudo.
Introduzco la mano en mi cuerpo. Rebusco en mis vísceras.
Saco el corazón.
Te lo ofrezco entero, latiente y caliente.
Veo entre las sombras,
un viejo mendigo nos espía para cuando nos descuidemos
tirar piedras a los pájaros que anidan en nuestra ventana.
Un silencio salvaje protege al cuerpo de las heridas.
viernes, julio 15, 2005
Seducción
Una vez quise ser inteligente...
Un día deseé ser hombre...
A veces ambiciono
poseer las letras de otros escritores,
y apartarme de las mías.
En mitad de estas quimeras
apareces tú...
A destiempo,
en la distancia.
Y quiero que sepas más de mí
que yo misma,
que conozcas de mis conocimientos
y de mis amores ordinarios.
Tal vez sospechas que yo adiviné en ti
conexión,
y que los dos presentimos
la seducción.
En la distancia
leemos las mentiras del futuro.
Asistimos a la caza de brujas,
estúpidos cuentos de magia.
Devoremos juntos el espacio.
Quizá pienses
en burlarte de mi ignorancia.
Utiliza tu inteligencia...
¿Hombre sabio?
Mírame
soy sólo una mujer arrebatada
haciendo el amor.
Entonces,
quizá me habites,
tal vez me des la humedad de tus labios,
el calor de tu cuerpo,
el sabor de tu piel...
María Alventosa Talens
Mayo de 2005
Un día deseé ser hombre...
A veces ambiciono
poseer las letras de otros escritores,
y apartarme de las mías.
En mitad de estas quimeras
apareces tú...
A destiempo,
en la distancia.
Y quiero que sepas más de mí
que yo misma,
que conozcas de mis conocimientos
y de mis amores ordinarios.
Tal vez sospechas que yo adiviné en ti
conexión,
y que los dos presentimos
la seducción.
En la distancia
leemos las mentiras del futuro.
Asistimos a la caza de brujas,
estúpidos cuentos de magia.
Devoremos juntos el espacio.
Quizá pienses
en burlarte de mi ignorancia.
Utiliza tu inteligencia...
¿Hombre sabio?
Mírame
soy sólo una mujer arrebatada
haciendo el amor.
Entonces,
quizá me habites,
tal vez me des la humedad de tus labios,
el calor de tu cuerpo,
el sabor de tu piel...
María Alventosa Talens
Mayo de 2005
DÍA 28
Acabó de despertar.
Desde mi ventana veo a dos niños arrojando una pelota.
Me concentro en ella.
Es de colores, pero la veo en blanco y negro.
Uno de los niños trata de alcanzar el cielo con la pelota.
La tira lo más alto que puede ¿será que siempre tratamos de
alcanzar el cielo arrojando lo que más queremos?
La pelota, no regresa, está en el cielo... Como Yo.
Nada se mueve alrededor.
En la parálisis se reinventó el Universo.
Un segundo Big Bang.
La sangre se derrama y me mancha, pero es por amor.
Con sueños que transcurren siempre bajo la luna llena
César Ricaurte
Desde mi ventana veo a dos niños arrojando una pelota.
Me concentro en ella.
Es de colores, pero la veo en blanco y negro.
Uno de los niños trata de alcanzar el cielo con la pelota.
La tira lo más alto que puede ¿será que siempre tratamos de
alcanzar el cielo arrojando lo que más queremos?
La pelota, no regresa, está en el cielo... Como Yo.
Nada se mueve alrededor.
En la parálisis se reinventó el Universo.
Un segundo Big Bang.
La sangre se derrama y me mancha, pero es por amor.
Con sueños que transcurren siempre bajo la luna llena
César Ricaurte
Mi legado
Hoy es un día gris de diciembre.
Sois muy pequeños, quizá demasiado, para entender todo este juego de la salud, o las travesuras de mi cuerpo; pero en el caso de que yo pasara a otro plano, quiero que esta carta fuera mi legado a mi obra más preciada, vosotros.
Sois el resultado de un sueño: el amor. Escalaré montañas, abriré otras dimensiones; pero siempre estaré.
Hoy voy hacer un viaje ficticio, yo diría que onírico. Me van a operar, el cirujano no sabe cuánto tiempo durara la intervención ni si ello me hará abandonar este cuerpo y pasar a otra realidad: más energía y menos materia, sólo sería una metamorfosis.
Todo esto me asusta, para qué engañaros. Pero debéis saber que vuestra existencia me da fuerza para seguir aquí, arraigada. Sois mis raíces, enanos.
Quizá por motivos de logística mi cuerpo busque deslizarse a otro estadio, pero no penséis que os abandono o, tal vez, que os traiciono. No... nada de eso, aquí estaré. Con cuerpo de mujer o en forma de espora, más aquí permaneceré. Contad conmigo, os amo.
Y, desde mi añoranza sin fondo, creare el eslabón para estar cerca.
La vida puede resultaros lacónica, llena de falsedades aprendidas, y vuestro camino quizá sea pedregoso, pero aunque parezca una ironía, si aprendéis a percibir otras realidades, quizá veáis y sintáis que vuestro futuro es de un azul diáfano...
Y, por favor, aquí y ahora no olvidéis nunca el secreto: por encima de todo os quiero.
Lo que más me duele, como espada clavada en mi interior, es que tal vez no os vea crecer, ni pueda sentir cómo dejáis de estar pegados a mí, para construir vuestras propias creencias, vuestro mundo autónomo.
Bueno, me tragaré la rabia. Sólo quiero pediros que seáis justos.
Muchos días y noches hemos vivido juntos, mucho os queda por soñar. Puede pareceros una controversia, pero pensad que la vida esta llena de realidades, las vuestras...
Siempre que me recordéis, hacedlo con mi copa de cava seguida de mi sonrisa y, después mi risa fuerte, acelerada, que os dice al oído, os quiero.
Mi legado: el amor.
Diciembre de 1991
Sois muy pequeños, quizá demasiado, para entender todo este juego de la salud, o las travesuras de mi cuerpo; pero en el caso de que yo pasara a otro plano, quiero que esta carta fuera mi legado a mi obra más preciada, vosotros.
Sois el resultado de un sueño: el amor. Escalaré montañas, abriré otras dimensiones; pero siempre estaré.
Hoy voy hacer un viaje ficticio, yo diría que onírico. Me van a operar, el cirujano no sabe cuánto tiempo durara la intervención ni si ello me hará abandonar este cuerpo y pasar a otra realidad: más energía y menos materia, sólo sería una metamorfosis.
Todo esto me asusta, para qué engañaros. Pero debéis saber que vuestra existencia me da fuerza para seguir aquí, arraigada. Sois mis raíces, enanos.
Quizá por motivos de logística mi cuerpo busque deslizarse a otro estadio, pero no penséis que os abandono o, tal vez, que os traiciono. No... nada de eso, aquí estaré. Con cuerpo de mujer o en forma de espora, más aquí permaneceré. Contad conmigo, os amo.
Y, desde mi añoranza sin fondo, creare el eslabón para estar cerca.
La vida puede resultaros lacónica, llena de falsedades aprendidas, y vuestro camino quizá sea pedregoso, pero aunque parezca una ironía, si aprendéis a percibir otras realidades, quizá veáis y sintáis que vuestro futuro es de un azul diáfano...
Y, por favor, aquí y ahora no olvidéis nunca el secreto: por encima de todo os quiero.
Lo que más me duele, como espada clavada en mi interior, es que tal vez no os vea crecer, ni pueda sentir cómo dejáis de estar pegados a mí, para construir vuestras propias creencias, vuestro mundo autónomo.
Bueno, me tragaré la rabia. Sólo quiero pediros que seáis justos.
Muchos días y noches hemos vivido juntos, mucho os queda por soñar. Puede pareceros una controversia, pero pensad que la vida esta llena de realidades, las vuestras...
Siempre que me recordéis, hacedlo con mi copa de cava seguida de mi sonrisa y, después mi risa fuerte, acelerada, que os dice al oído, os quiero.
Mi legado: el amor.
Diciembre de 1991
SABER QUE...
Saber que se sabe lo que se sabe
y que no se sabe lo que no se sabe;
he aquí el verdadero saber.
Confucio
y que no se sabe lo que no se sabe;
he aquí el verdadero saber.
Confucio
miércoles, julio 13, 2005
DEJA QUE LAS PALABRAS
Deja que las palabras
obren en ti
déjales ser libre
entrarán en ti se adentrarán
hacedoras de formas sinfín
generarán en ti esa vivencia
deja que las palabras obren en ti
que hagan contigo lo que quieran
rehacedoras de formas con la materia
harán con la tuya
exactamente lo mismo
porque son lo que hacen
así comprenderás que revivirán
para ti esa vivencia y su significado
como la naturaleza
porque son naturaleza y no invento
ni descubrimiento sino verdadera naturaleza
harán natural la materia en ti
tal como das una especie de vida a la palabra
deja que las palabras obren en ti.
Yoná Wólaj
Yoná Wólaj nació en Israel en 1944 y murió en Kiriat Ono en 1985. Su fama de líder de la poesía de vanguardia se consolidó después de su muerte. Su poesía despertó frecuentes controversias por su lenguaje franco y sus atrevidas metáforas.
obren en ti
déjales ser libre
entrarán en ti se adentrarán
hacedoras de formas sinfín
generarán en ti esa vivencia
deja que las palabras obren en ti
que hagan contigo lo que quieran
rehacedoras de formas con la materia
harán con la tuya
exactamente lo mismo
porque son lo que hacen
así comprenderás que revivirán
para ti esa vivencia y su significado
como la naturaleza
porque son naturaleza y no invento
ni descubrimiento sino verdadera naturaleza
harán natural la materia en ti
tal como das una especie de vida a la palabra
deja que las palabras obren en ti.
Yoná Wólaj
Yoná Wólaj nació en Israel en 1944 y murió en Kiriat Ono en 1985. Su fama de líder de la poesía de vanguardia se consolidó después de su muerte. Su poesía despertó frecuentes controversias por su lenguaje franco y sus atrevidas metáforas.
martes, julio 12, 2005
Bajada a los infiernos
Siempre andamos a tientas
y en ese andar,
mi cárcel social,
desfigurada,
con muros Azules.
Pero alguien se coló
por la rendija,
por el teclado.
La destrucción de la cárcel,
la muerte del muro,
Chamuel.
Después llego Azul,
un encuentro
El Artesano
con Él...
la bajada a los infiernos.
Mi duende del teclado,
se transmuto en demonio.
Chamuel ángel de las sombras,
extraño,
extravagante,
mensajero arrepentido.
Mi carne se desgarra
por lo que producen tus manos,
en mi cuerpo.
Hallazgo lejano
y puente allí
en el otro continente...
Después me atrapaste,
Dos Mundos...
Más tarde,
quisiste encarcelarme
en tus dibujos de alcoba,
con Butterfly
hubo alas.
Con tus letras generosas
atrapas mis emociones,
mis sueños,
mi vida,
mi cuerpo.
Este que quiso huir
de enseñanzas,
limites...
Andanzas de burdel,
parecen las mías
por tu infierno.
Y yo me quedo sola
y me siento impostora
con la ira,
con el mar.
Y él se queda solo
detrás de su obra,
y me ama.
Y el vértigo de su pasión
me encarcela
y el se va...
hacia el baile peligroso de su obra,
hacia una ciénaga.
Ángel salvaje
carcelero
de mi cuerpo,
cuanto más me atrapas
más fácil resulta la huida.
Extraños infiernos los nuestros
transmutados en trabalenguas
de amor trascendental.
La explicaciónes sencilla,
tan sencilla como
la bajada a los infiernos,
ciega y fiera,
sin alma con cuerpo,
todo es un solo Universo
Chamuel
María Alventosa
y en ese andar,
mi cárcel social,
desfigurada,
con muros Azules.
Pero alguien se coló
por la rendija,
por el teclado.
La destrucción de la cárcel,
la muerte del muro,
Chamuel.
Después llego Azul,
un encuentro
El Artesano
con Él...
la bajada a los infiernos.
Mi duende del teclado,
se transmuto en demonio.
Chamuel ángel de las sombras,
extraño,
extravagante,
mensajero arrepentido.
Mi carne se desgarra
por lo que producen tus manos,
en mi cuerpo.
Hallazgo lejano
y puente allí
en el otro continente...
Después me atrapaste,
Dos Mundos...
Más tarde,
quisiste encarcelarme
en tus dibujos de alcoba,
con Butterfly
hubo alas.
Con tus letras generosas
atrapas mis emociones,
mis sueños,
mi vida,
mi cuerpo.
Este que quiso huir
de enseñanzas,
limites...
Andanzas de burdel,
parecen las mías
por tu infierno.
Y yo me quedo sola
y me siento impostora
con la ira,
con el mar.
Y él se queda solo
detrás de su obra,
y me ama.
Y el vértigo de su pasión
me encarcela
y el se va...
hacia el baile peligroso de su obra,
hacia una ciénaga.
Ángel salvaje
carcelero
de mi cuerpo,
cuanto más me atrapas
más fácil resulta la huida.
Extraños infiernos los nuestros
transmutados en trabalenguas
de amor trascendental.
La explicaciónes sencilla,
tan sencilla como
la bajada a los infiernos,
ciega y fiera,
sin alma con cuerpo,
todo es un solo Universo
Chamuel
María Alventosa
AMOR CIBERNÉTICO
MANUEL TALENS
La conoció por internet, lo cual es una nueva manera –inédita hasta ahora– de conjugar el sentido bíblico del verbo conocer. Tres semanas antes había respondido a un anuncio del periódico que le ofrecía conexión ADSL ultrarrápida de banda ancha más una cafetera eléctrica y un reloj despertador, todo ello al precio irrisorio de veinte euros mensuales. Una ganga.
El ciberespacio revolucionó su vida solitaria y al poco tiempo viajaba por la pantalla del PC con la misma soltura que un astronauta al mando de su nave. No tardó en iniciar una frenética correspondencia por correo electrónico con los miembros de diversos foros de discusión, en donde lo mismo se divagaba sobre guerras petroleras que sobre las tetas de Sara Montiel; además, hizo nuevas amistades en los cuatro continentes y, sobre todo, descubrió el chat. ¡Ah, el chat!
Su vida sentimental cambió de signo cuando alguien le comentó las virtudes del último portento tecnológico en cibercomunicación instantánea, el Messenger. Sin dudarlo, descargó el software, lo instaló en el disco duro y empezó a chatear con su primo Alfonso, el testigo de Jehová. Por supuesto, aquellas conversaciones escritas en tiempo real perdieron pronto cualquier interés, pues no hay cosa más aburrida que soportar al plasta de Alfonso con sus rollos de la Biblia. Pero como unas cosas llevan a otras, se enteró pronto de que el ciberespacio alberga miles de mujeres dispuestas a chatear sobre lo que él más añoraba, el amor. Bendito internet.
Y, de hilo en ovillo, la encontró. A pesar del sugerente seudónimo que ella utilizaba para firmar –Embriagadora–, parecía tímida al principio y tardó un par de sesiones en entrar en faena, pero cuando lo hizo resultó ser una hembra desinhibida, que lo dejaba al borde del colapso con un repertorio infinito de deliciosas guarrerías –cuyo único defecto era su carácter virtual, no real–, provocadoras infalibles de un consuelo inmediato tras el chat.
La temperatura fue subiendo entre los dos, el calor del verano también. Embriagadora, de manera casual, le comentó una vez que solía bañarse topless en la Malva-rosa y él supo entonces que ella era de Valencia. Aprovechó la ocasión para meter cuña: "Oye, pues yo vivo en Cuenca. ¿Por qué no concertamos un encuentro de verdad?".
Se pusieron de acuerdo. La cita fue el mes de julio, pongamos el 27, en el paseo de la playa, frente al chiringuito de L'Estimat. Él llegó por la mañana y se alojó en el Astoria. Preparó el acontecimiento con esmero: corte de pelo a la navaja, fragancia Calvin Klein for men, triple cepillado de dientes, calzoncillos limpios y un paquete de doce preservativos que compró en la farmacia de la esquina. "Que se jodan los obispos", pensó con sarcasmo al echárselo al bolsillo.
Fue en taxi hasta la Malva-rosa. Las piernas le temblaban cuando llegó al paseo. Allí, junto a la farola convenida, vio una silueta femenina con el clavel rojo en la mano. Era ella. "A la mierda la virginidad", dijo entre dientes, "que treinta y cinco años son muchos años, leche".
El miedo y la alegría se le agolparon en la garganta. Deseaba al mismo tiempo huir y abrazarla, pero a aquellas alturas ya no era posible dar marcha atrás. Apretó el paso, forzó una sonrisa y se abandonó al destino.
El País, 27 de julio de 2004
La conoció por internet, lo cual es una nueva manera –inédita hasta ahora– de conjugar el sentido bíblico del verbo conocer. Tres semanas antes había respondido a un anuncio del periódico que le ofrecía conexión ADSL ultrarrápida de banda ancha más una cafetera eléctrica y un reloj despertador, todo ello al precio irrisorio de veinte euros mensuales. Una ganga.
El ciberespacio revolucionó su vida solitaria y al poco tiempo viajaba por la pantalla del PC con la misma soltura que un astronauta al mando de su nave. No tardó en iniciar una frenética correspondencia por correo electrónico con los miembros de diversos foros de discusión, en donde lo mismo se divagaba sobre guerras petroleras que sobre las tetas de Sara Montiel; además, hizo nuevas amistades en los cuatro continentes y, sobre todo, descubrió el chat. ¡Ah, el chat!
Su vida sentimental cambió de signo cuando alguien le comentó las virtudes del último portento tecnológico en cibercomunicación instantánea, el Messenger. Sin dudarlo, descargó el software, lo instaló en el disco duro y empezó a chatear con su primo Alfonso, el testigo de Jehová. Por supuesto, aquellas conversaciones escritas en tiempo real perdieron pronto cualquier interés, pues no hay cosa más aburrida que soportar al plasta de Alfonso con sus rollos de la Biblia. Pero como unas cosas llevan a otras, se enteró pronto de que el ciberespacio alberga miles de mujeres dispuestas a chatear sobre lo que él más añoraba, el amor. Bendito internet.
Y, de hilo en ovillo, la encontró. A pesar del sugerente seudónimo que ella utilizaba para firmar –Embriagadora–, parecía tímida al principio y tardó un par de sesiones en entrar en faena, pero cuando lo hizo resultó ser una hembra desinhibida, que lo dejaba al borde del colapso con un repertorio infinito de deliciosas guarrerías –cuyo único defecto era su carácter virtual, no real–, provocadoras infalibles de un consuelo inmediato tras el chat.
La temperatura fue subiendo entre los dos, el calor del verano también. Embriagadora, de manera casual, le comentó una vez que solía bañarse topless en la Malva-rosa y él supo entonces que ella era de Valencia. Aprovechó la ocasión para meter cuña: "Oye, pues yo vivo en Cuenca. ¿Por qué no concertamos un encuentro de verdad?".
Se pusieron de acuerdo. La cita fue el mes de julio, pongamos el 27, en el paseo de la playa, frente al chiringuito de L'Estimat. Él llegó por la mañana y se alojó en el Astoria. Preparó el acontecimiento con esmero: corte de pelo a la navaja, fragancia Calvin Klein for men, triple cepillado de dientes, calzoncillos limpios y un paquete de doce preservativos que compró en la farmacia de la esquina. "Que se jodan los obispos", pensó con sarcasmo al echárselo al bolsillo.
Fue en taxi hasta la Malva-rosa. Las piernas le temblaban cuando llegó al paseo. Allí, junto a la farola convenida, vio una silueta femenina con el clavel rojo en la mano. Era ella. "A la mierda la virginidad", dijo entre dientes, "que treinta y cinco años son muchos años, leche".
El miedo y la alegría se le agolparon en la garganta. Deseaba al mismo tiempo huir y abrazarla, pero a aquellas alturas ya no era posible dar marcha atrás. Apretó el paso, forzó una sonrisa y se abandonó al destino.
El País, 27 de julio de 2004
domingo, julio 10, 2005
Confrontaciones
Prepotencia,
alejamiento
reencuentro...
Volver a mirarte
ha sido,
clavar navajas
en mí.
Eres...
una plaga andante...
Amenazas con tu presencia
pero no te implicas.
Te echo de menos
cuando éstas conmigo.
Te enamorarás de mí,
escribiré
y dejare de escalar,
la autocensura...
es muy fuerte
regresará,
el miedo...
Retornas con las promesas de la nada.
Me haces bailar,
Salvajemente...
tus emociones
son como la nada.
Eres como esos hombres
que olvidan su papel,
y no conocen
la dirección del dolor.
Te escribo,
para decirte:
Que eres un pájaro,
de fuego
te pongo alma,
de hombre fuerte.
Desde el suelo,
desde el aire: me asusto,
me oculto,
entre idas y venidas.
Vació personalmente mi corazón,
que me olviden...
retrocedo,
decido hablar
con alguien,
pero aquí nadie quiere
la palabra compromiso.
Mi madriguera esta vacía
yo misma lo hice.
Acabé, con el espejismo,
en mi feudo
no existe la vergüenza.
Qué maravilla.
María Alventosa
alejamiento
reencuentro...
Volver a mirarte
ha sido,
clavar navajas
en mí.
Eres...
una plaga andante...
Amenazas con tu presencia
pero no te implicas.
Te echo de menos
cuando éstas conmigo.
Te enamorarás de mí,
escribiré
y dejare de escalar,
la autocensura...
es muy fuerte
regresará,
el miedo...
Retornas con las promesas de la nada.
Me haces bailar,
Salvajemente...
tus emociones
son como la nada.
Eres como esos hombres
que olvidan su papel,
y no conocen
la dirección del dolor.
Te escribo,
para decirte:
Que eres un pájaro,
de fuego
te pongo alma,
de hombre fuerte.
Desde el suelo,
desde el aire: me asusto,
me oculto,
entre idas y venidas.
Vació personalmente mi corazón,
que me olviden...
retrocedo,
decido hablar
con alguien,
pero aquí nadie quiere
la palabra compromiso.
Mi madriguera esta vacía
yo misma lo hice.
Acabé, con el espejismo,
en mi feudo
no existe la vergüenza.
Qué maravilla.
María Alventosa
CANCIÓN DESESPERADA
Tango
Letra y Música: Enrique Santos Discépolo
¡Soy una canción desesperada...!
¡Hoja enloquecida en el turbión..!
Por tu amor, mi fe desorientadase hundió,
destrozando mi corazón.
Dentro de mí mismo me he perdido,
ciego de llorar una ilusión...¡
Soy una pregunta empecinada,
que grita su dolor y tu traición..!
¿Porqué
me enseñaron a amar,
si es volcar sin sentido
los sueños al mar?
Si el amor,
es un viejo enemigo
y enciende castigos
y enseña a llorar...
Yo pregunto: ¿porqué?
¡Sí!, ¿porqué me enseñaron a amar,
si al amarte mataba mi amor?
Burla atroz de dar todo por nada
y al fin de un adiós,
despertar¡llorando!...
¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?
¿Dónde estaba el sol que no te vio?
¿Cómo una mujer no entiende nunca
que un hombre da todo, dando su amor?
¿Quién les hace creer otros destinos?
¿Quién deshace así tanta ilusión?
¡Soy una canción desesperada
que grita su dolor y su traición...!
Letra y Música: Enrique Santos Discépolo
¡Soy una canción desesperada...!
¡Hoja enloquecida en el turbión..!
Por tu amor, mi fe desorientadase hundió,
destrozando mi corazón.
Dentro de mí mismo me he perdido,
ciego de llorar una ilusión...¡
Soy una pregunta empecinada,
que grita su dolor y tu traición..!
¿Porqué
me enseñaron a amar,
si es volcar sin sentido
los sueños al mar?
Si el amor,
es un viejo enemigo
y enciende castigos
y enseña a llorar...
Yo pregunto: ¿porqué?
¡Sí!, ¿porqué me enseñaron a amar,
si al amarte mataba mi amor?
Burla atroz de dar todo por nada
y al fin de un adiós,
despertar¡llorando!...
¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?
¿Dónde estaba el sol que no te vio?
¿Cómo una mujer no entiende nunca
que un hombre da todo, dando su amor?
¿Quién les hace creer otros destinos?
¿Quién deshace así tanta ilusión?
¡Soy una canción desesperada
que grita su dolor y su traición...!
EL DÏA DEL ORGULLO GUAY
EL ORGULLO GUAY.-
Después de toda una vida aguantando que mis amiguinos me tachasen de "NO COMPROMETIDO", nueva forma de marginar a un marginado desde dentro del propio grupo marginal, me decido.
Realmente siempre había tenido curiosidad por asistir a uno de esos eventos multitudinarios, y más si, como en esta ocasión, uno tiene la posibilidad de verlo tanto desde fuera como desde dentro.
Me preparé concienzudamente para la aventura, incluso conseguí como novio puntual a los efectos a un tipo IMPRESIONANTE de esos que dejan con la boca abierta a cualquier maricón que se precie.
Con todo, yo intentaba ponerme en mi lugar, y hablaba con quien realmente me convenció para ir: el Jose.
Empeñado en "reivindicar" (él, sí, sí, él) los derechos de los maricones, acabó convenciéndome para ir a la manifa, aunque no consiguió convencerme de sus altruistas intenciones; en realidad yo quería ir a ver a toda una serie de monos de feria protagonizando un desfile más de fiesta propagandística que de reivindicación real, que, por otra parte, es una lucha que ya está obsoleta, desde mi punto de vista al menos.
Llegado el día, me puse mi disfraz de mariquita, perfectamente estudiado para la ocasión: vaqueros ajustados y convertidos en "piratas" según el más puro estilo "punk" (o sea, enganchados con unos vulgares imperdibles de mierda que compré en un todo a 0.60 €) que tan de moda se ha puesto esta temporada en el mundillo gay; camiseta ajustada (compresiva, diría yo) y, por supuesto, sin mangas, marcando el poco o mucho músculo que uno tenga (en mi caso más bien poco); bolsito de moda, pequeño, pero compacto y amplio por dentro (amplio, amplio, y una mierda amplio!!! eso es lo que dicen, pero al final, como te han dicho que es amplio, tú empiezas a meter, y acabas reventándolo, y, haaaaalaaaaaaaa, a comprar otro, un poquito más grande, claro, y otra vez los mismo; o sea, que al final te acabas llevando la mochila de siempre pero habiéndote comprado entre medias los cinco tamaños de bolso correspondientes, vamos! un puto engañabobos), color? negro, faltaría más. O sea, que iba yo hecho un brazo de mar, o una piltrafa, según se mire (según lo miro yo iba completamente ridículo)
Pugné en todo caso por meterme en el papel lo más posible, y yo, que nunca me he cortado por manifestarme en cualquier parte de la manera que mejor me pareciese en ese momento (es por ello de la cantidad de veces que he metido la pata en el momento justo y menos adecuado), pues ese mismo yo me convencí de que ese era el momento y el lugar para mostrarse ante el mundo como inconfundiblemente MARICA.
Nos encaminamos hacia la manifa, habíamos quedado justamente en el punto donde iba a finalizar, así que, para llegar a la cabecera de la misma, tuvimos que realizar el recorrido a la inversa. Por supuesto, no llegamos a tiempo; conclusión: la manifa casi nos aplasta cuando llegamos a ella, así que nos apartamos para dejar pasar las primeras pancartas reivindicativas, que mira tú por donde, reivindicaban que la política no nos considera maricones en todo lugar, momento y circunstancia. No sabía yo que para hacer política hay que denotar en qué lado de la cama duerme uno.
Jose comenzó a exaltarse en ese momento, comenzando a gritar "slogans" reivindicativos que él consideraba adecuados para el momento:
-JOSE.- NOSOOOTRAS PARIMOS, NOSOOOTRAS DECIDIMOS!!!!!
Me llevó algún tiempo hacerle comprender que los maricones no tenían ninguna intención ni ningún interés en parir; parece que al final lo conseguí, pero no sé si fue peor el remedio que la enfermedad.
En nuestro intento de integrarnos en la manifa, esperamos pacientemente a que fueran pasando los grupos políticos, aunque a puntito estuvimos de adjuntarnos al grupo de los anarquistas, ese era nuestro espíritu de reivindicación homosexual: la anarquía.
Sin embargo, desde nuestra posición en la plaza de Cibeles, veíamos bajar por Alcalá tooooda una muchedumbre de peña en torno a unas gigantescas formas que éramos incapaces de identificar. Alguien tras de nosotros comentó: "Mira, mira! por ahí vienen las carrozas!"
"Carrozas!?!?!?!?" -pensé yo- y me salió el acento: "ESTO YE UN CIRCOOOOO”. Por supuesto, esperamos a que se acercasen, con la lentitud propia de cualquier manifestación, y metidos entre la gente que se agolpaba en los laterales para ver el espectáculo.
Evidentemente, la gente que se apostaba a los lados de la calle por donde transcurría la manifestación circense, eran todos personal "normales" que iban a ver a los "monos de feria" disfrazados, y yo parecía totalmente un mono de feria disfrazado que iba a ver a la gente que iba a ver a los manifestantes. Las miradas de reprobación comenzaron a multiplicarse, y la gente se preguntaba por qué cojones estaba yo allí en lugar de estar marchando con el resto de los mariquitas disfrazados; en realidad sé que la gente se preguntaba eso porque yo mismo también me lo preguntaba.
La respuesta llegó al mismo tiempo que las carrozas. Pero antes asistimos pacientemente al paso de los mariquitas del PSOE, que gritaban todos a potente coro:
-TODOS.- NO SE VE, NO SE VE... A LOS MARIQUITAS DEL PP.
a los mariquitas de IU, que a su vez gritaban:
-TODOS.- NO SE VE, NO SE VE.... A LOS MARIQUITAS DEL PP.
pues menuda libertad de expresión que piden los condenados, no? queriendo una manifestación pública de un hecho privado. Pero vamos a ver! Cómo cojones van a salir los mariquitas del PP a la calle, más aún, encima quieres que vayan a la manifestación pública anual de los maricones, pero qué se piensan estos, que son idiotas o qué!!!!????? Habría que ser verdaderamente gilipollas para ser del PP siendo mariquita, pero sería ya el colmo ser del PP, ser mariquita y encima GITARLO EN LA MANIFESTACIÓN DEL ORGULLO GAY! Sí claro, y los apedreamos por maricones, fachas y gilipollas, no!?
Luego el ambiente se relajó, y comenzaron a pasar por nuestros ojos:
los mariquitas de la Comunidad de Andalucía
los mariquitas de la Comunidad Valenciana
los mariquitas de la Comunidad de Castilla La Mancha
los mariquitas de la Comunidad de Catalunya
.... todos muy organizaditos por territorialidades, y yo, inocente de mí, no dando crédito, comprendí que ser mariquita no es nada si no va acompañado de una opción política y una territorialidad marcada
ah! los mariquitas de la Comunidad de Euskadi
y akí, el Jose se desbordó, claro!, como es vasco, comenzó de nuevo a gritar:
-JOSE.- GORA EUSKADI LIBREEEEEE! GORA EUSKADI LIBREEE!!
en seguida comencé con la segunda parte del discurso que había comenzado antes, y traté de nuevo de explicarle que en realidad, aunque él fuera vasco y aquella gente portara con orgullo La Ikurriña, aquello no era en realidad una manifestación política (en este punto he de reconocer que ni siquiera yo mismo estaba convencido de que tuviese razón). En todo caso, algo me impelió a insistir en mi razonamiento, y ello fue que estábamos justamente en frente del Cuartel General del Ejército; los soldaditos que estaban de guardia no tuvieron mejor idea, los pobrecillos, que asomarse a la terraza del edificio para ver el desfile, y mira tú que mala suerte, va el Jose y los ve! Pero eso no fue lo peor, lo peor fue que ellos también le vieron, claro que él hizo lo posible por conseguirlo, y algo más que lo posible, hizo lo improbable, lo inaudito, lo impropio, lo categóricamente prohibido por todas las normas de convivencia y por el sentido común más básico; el muy hijo de p.... no se le ocurre mejor cosa que ponerse a gritar como un poseso (madre! qué pulmones tiene el chiquillo) a gritar como un loco haciendo todos los aspavientos que pudo, saltando, agitando los brazos, justo en ese momento, justicamente cuando pasaban los mariquitas vascos por allí:
-JOSE.- SOLDADOS! CABRONES! ESOS SÍ SON MARICONES!
SOLDADOS! CABRONES! ESOS SÍ SON MARICONES!
SOLDADOS! CABROUMHMHMHMHHMHMMMMMM!
ahí es donde yo le puse la mano en la boca porque supuse que no tendría tiempo de convencerle antes de que los soldaditos acabaran de cargar el arma y apuntar, que es precisamente lo que estaban haciendo.
Por suerte, llegaron las “Carrozas” (de todo tipo) y Jose encontró un nuevo medio de diversión. De repente me vi envuelto en la marabunta de la gente, no sé exactamente cómo, pero allí estaba, intentando sortear los tacones que amenazaban mis desprotegidas sandalias, los tiarrones anabolizados que ni siquiera me veían a su paso, las plumas sobre estructuras alámbricas que conformaban los vestidos de aquellos que iban vestidos, claro. Entre tanto, yo buscaba al pobrecillo Jose que seguramente estaba allí pasando más miedo que vergüenza, y me lo encuentro saltando detrás de un tipo vestido de negro, veo que el tipo tiene delante una cámara de TV, oigo al Jose gritando:
-JOSE.- MAMÁÁÁÁÁÁÁ, MAMÁÁÁÁÁÁÁÁ
pensando que algo se me está escapando, analizo de nuevo la escena: ahora lo entiendo! era el reportero de Caiga Quien Caiga, y Jose estaba saltando delante de una cámara de ámbito nacional saludando a su madre en una manifestación de maricones, todo muy razonable, verdad? Claaaaroooo, hombre, ahora ve esto tu madre y le da un pasmo y lo ven tus amigos y en cuanto te bajes del autobús el próximo fin de semana te apalean con bates de béisbol, pero nada nada, tu asúmelo con dignidad y ya!
Jose, fiel a sus principios de compromiso social a favor de los maricones, de repente empezó a gritar de nuevo:
-JOSE.- MIRA! MIRA QUE PINTA! QUIERO UNA FOTO, QUIERO UNA FOTO, QUIERO UNA FOTO CON ESOS DOS CABESTROS!!!
miramos hacia donde él apuntaba claramente con el dedo y vemos a dos travestis más altos que dos torres, inmensos, que al Jose le sacaban la cabeza y medio cuerpo; la escenita era realmente digna: el Jose señalando con el dedo, gritando eso de los cabestros y mirando para nosotros, que teníamos todos una cara de susto, una cara de : “AHORA LE DAN, AHORA LE METEN, COMO LE DEN UNA OSTIA, LO DESMONTAN” pero no!, mira, ellas, muy bien tomadas, lo espachurraron contra sí mismas mientras él seguía partiéndose el culo, y le decía a Elena, su novia, que le sacase una foto. La pobre Elenita, que ya no sabía dónde meterse de la vergüenza que estaba pasando, era incapaz de sacarle la foto, y ante el peligro de que el siguiera riéndose y diciendo barbaridades, reaccioné como pude, le arrebaté como pude la cámara a Elena, y le saqué la foto.
En mala hora se me ocurrió hacerle la primera. La carroza siguiente era la de los leather, llenita de tíos super-mega-hiper cachas vestidos de cuero negro y con una pinta de mala leche que te cagas:
-JOSE.- CON ESOS, ELENA, CON ESOS, SÁCAME UNA CON ESOS “CACHONDOS” DE GIMNASIO.
Elena, con más reflejos que yo en esta ocasión, puso la cámara en mis manos y salió corriendo escondida la cara entre las suyas. Cuando volví a mirar, el Jose ya no estaba, pero sí oía un EEEEEEEEOOOOOOOO EEEEEEEEOOOOOO conocido. Miré hacia arriba y vi al Jose que se había subido a la carroza y que estaba agarrando del hombro a uno de esos “cachondos”, como él los llamaba, que tenía por demás una cara de haber matado ya a dos o tres, con lo que no me parece que le hubiera sido muy difícil plantearse que podía matar a uno más. Le tiré la foto e inmediatamente le urgí a que saltase de la carroza. Saltó, sí, saltó sobre un tío más bien gordo que seguía el camión, y oí una voz lejanamente femenina que decía:
-VOZ.- CAGUNDIOS! COMO NO TE APARTES........!
-JOSE.- AAAAAAAHHHHHHH!!!!! ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, JODER, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA.......
Gracias a dios la voz de Jose se perdía en la muchedumbre mientras la “tía” avanzaba con la caravana.
Yo ya temía la siguiente, y hacía bien, por supuesto! La siguiente carroza era la de los mariquitas pijos, fíjate tú. Allí estaban encaramadas: María Jiménez, Alaska, Martirio, Cayetana Guillén Cuervo y no sé cuántos más de estos personajes, además de una serie de “no-personajes” que se veían radiantes de felicidad por estar donde estaban. Desde sus alturas, éstos iban repartiendo, qué digo!, tirando al aire cosas, qué cosas? fácil! SUS PROPIAS cosas, o sea, ejemplares de la revista Zero. El Jose empezó a gritar “again”:
-JOSE.- A MI! A MI!, YO QUIERO, QUIERO UNAAAAAAAAAAAAA!!!
Y sí, le dieron una, muy amablemente el tío que las repartía se la tendió y el Jose se acercó a recogerla, ufano, feliz, se volvió con ella y me miró sonriente; yo, invadido por una extraña sensación de protagonismo, de repente! también deseé una, y salí corriendo a todo correr detrás del camión que las repartía, que seguía, inexorable, su avance por la caravana; grité, grité denodadamente:
-YO.- A MI! A MI!, YO TAMBIÉN QUIEROOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
pero en esta ocasión el chico no podía, ante la marcha esa inexorable del camión, entregármela en mano, así que se decidió a lanzarme una, una!? UNA!!!!???? Me tiró cinco paks de dos revistas envueltas en celofán sobre un soporte de cartón duro como una piedra. Yo, que vi de repente cómo se me venía un alud de revistas encima, no vi sin embargo el bordillo del jardincillo con el que tropecé, yendo a caer justamente encima de dos tipos de esos “cachondos” con los que el Jose flirteaba alegremente, éstos, a su vez, cayeron encima de un grupo de cuatro lesbianas que también se vieron sorprendidas ante mi empuje, y todos, TODOS!: los “cachondos, las lesbianas, yo mismo y las revistas, caímos estrepitosamente al suelo, a los pies de uno de esos “cabestros” con los que el Jose era capaz de hacerse fotos de la manera más gratuita.
A mi no me trataron son tanta condescendencia, las miradas de odio dieron paso a los insultos, y de ahí se derivaba directamente a la agresión física. Por suerte, el Jose estaba al tanto y corrió a salvarme, levantándome del suelo y explicando a las vícitmas mis nulas aptitudes físicas para algo tan sencillo como correr detrás de un camión en plena manifestación del Orgullo Guay para coger al vuelo cinco ejemplares dobles de revistas envueltas en celofán sobre soporte de cartón-piedra, que es algo que él parecía haber estado haciendo toda la vida: HUMILLANTE!!!!
Ya nada más podía ocurrir! JA! los caminos de dios son insondables y las cosas del Jose incognoscibles!
De repente el Jose tomó conciencia de que, a parte de las carrozas de la propia manifestación, por entre nosotros pasaban también personajes de lo más peculiares, y se lanzó sin pensárselo ni un minuto ni medio ni nada, se lanzó –digo- a la caza y captura de los ejemplares más “llamativos”. De sopetón le vi salir corriendo, detrás de qué? Le seguí con la mirada y le veo agarrando por un brazo a un tipo de dos metros y medio, vestido de Abeja Maya, amarillo chillón chillón chillón, con una camiseta a rayas de todos los colores chillones que uno pueda imaginar, el tipo iba sobre patines, y eso le añadía más centímetros al asunto; el pobre Jose tuvo que correr como un loco para alcanzarlo, y, como no lo conseguía, decidió desarrollar otra estrategia, así que se agazapó detrás de una señal y esperó a que el patinador pasase por allí, para saltar inmediatamente y ponerse en su camino! El ostiazo fue brutal y mientras caían en aparatoso accidente el Jose gritaba:
-JOSE.- LO COGI, LO COGÍ. HACEDME UNA FOTO, RÁPIDO, QUE SE ESCAPAAAAAAA!!!!
Contra todo pronóstico, el patinador no le rompió la crisma, sino que encantado con el “atentado”, posó con su mejor disposición para una y cuantas fotos quisiéramos hacerle; estoy seguro que si hubiera sido yo el protagonista de esa historia, esos dos metros y medio de tío sobre patines me hubiesen destrozado la cara, las piernas y ya de paso la vida, pero no!, como era el Jose, todo era maravilloso y estúpidamente divertido!
Luego persiguió a dos lesbianas madres solteras, animal peligroso donde los haya; a dos maricas punkis; a un grupo de tres tiarrones de cabeza rapada y vestidos de cuero; varios osos, militares, posmodernos, modernillas, emplumados, heteroides, mulatos, chaperos, negros, maricas extranjeros, nacionales,...... todos ellos estaban encantados, encantados! ENCANTADOS! ENCANTADOOOOOOOSSSSSS!!!!!!!!!
Y YO!?!?!?! Y YOOOOOOOO!?!?!?! Yo estaba hasta los cojones del Jose, de la fiesta, de las maricas, del calor, de la peña y de sentirme marginado porque no era un hétero de mierda que se integraba en la fiesta como “EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO”.
Finalmente, el verdadero protagonista de la fiesta: EL JOSE, nos llevó a tomar una copa a una sidrería, UNA SIDRERÍA, donde tuve que pelearme con el dueño para que me dejara pasar, intentando convencerle de que mi disfraz de mariquita era puntual, y que yo en realidad era un tipo más normal que el jefe del grupo que acababa de entrar. Hubiera debido quedarme fuera: me miraba todo el mundo con una cara!!!! SI ES QUE ME MIRABAN HASTA LAS PUTAS CHINAS DE LAS PUTAS ROSAS!!!!
Desesperado, decidí abandonar la fiesta, marcharme a casa a llorar mis derrotar y abandonar para siempre el difícil mundo de los maricones, donde cualquier heterosexual puede convertirse en el centro de atención y cualquier maricón de pro, de los de toda la vida, puede resultar apaleado, vilipendiado, despreciado y marginado por sus congéneres.
Después de toda una vida aguantando que mis amiguinos me tachasen de "NO COMPROMETIDO", nueva forma de marginar a un marginado desde dentro del propio grupo marginal, me decido.
Realmente siempre había tenido curiosidad por asistir a uno de esos eventos multitudinarios, y más si, como en esta ocasión, uno tiene la posibilidad de verlo tanto desde fuera como desde dentro.
Me preparé concienzudamente para la aventura, incluso conseguí como novio puntual a los efectos a un tipo IMPRESIONANTE de esos que dejan con la boca abierta a cualquier maricón que se precie.
Con todo, yo intentaba ponerme en mi lugar, y hablaba con quien realmente me convenció para ir: el Jose.
Empeñado en "reivindicar" (él, sí, sí, él) los derechos de los maricones, acabó convenciéndome para ir a la manifa, aunque no consiguió convencerme de sus altruistas intenciones; en realidad yo quería ir a ver a toda una serie de monos de feria protagonizando un desfile más de fiesta propagandística que de reivindicación real, que, por otra parte, es una lucha que ya está obsoleta, desde mi punto de vista al menos.
Llegado el día, me puse mi disfraz de mariquita, perfectamente estudiado para la ocasión: vaqueros ajustados y convertidos en "piratas" según el más puro estilo "punk" (o sea, enganchados con unos vulgares imperdibles de mierda que compré en un todo a 0.60 €) que tan de moda se ha puesto esta temporada en el mundillo gay; camiseta ajustada (compresiva, diría yo) y, por supuesto, sin mangas, marcando el poco o mucho músculo que uno tenga (en mi caso más bien poco); bolsito de moda, pequeño, pero compacto y amplio por dentro (amplio, amplio, y una mierda amplio!!! eso es lo que dicen, pero al final, como te han dicho que es amplio, tú empiezas a meter, y acabas reventándolo, y, haaaaalaaaaaaaa, a comprar otro, un poquito más grande, claro, y otra vez los mismo; o sea, que al final te acabas llevando la mochila de siempre pero habiéndote comprado entre medias los cinco tamaños de bolso correspondientes, vamos! un puto engañabobos), color? negro, faltaría más. O sea, que iba yo hecho un brazo de mar, o una piltrafa, según se mire (según lo miro yo iba completamente ridículo)
Pugné en todo caso por meterme en el papel lo más posible, y yo, que nunca me he cortado por manifestarme en cualquier parte de la manera que mejor me pareciese en ese momento (es por ello de la cantidad de veces que he metido la pata en el momento justo y menos adecuado), pues ese mismo yo me convencí de que ese era el momento y el lugar para mostrarse ante el mundo como inconfundiblemente MARICA.
Nos encaminamos hacia la manifa, habíamos quedado justamente en el punto donde iba a finalizar, así que, para llegar a la cabecera de la misma, tuvimos que realizar el recorrido a la inversa. Por supuesto, no llegamos a tiempo; conclusión: la manifa casi nos aplasta cuando llegamos a ella, así que nos apartamos para dejar pasar las primeras pancartas reivindicativas, que mira tú por donde, reivindicaban que la política no nos considera maricones en todo lugar, momento y circunstancia. No sabía yo que para hacer política hay que denotar en qué lado de la cama duerme uno.
Jose comenzó a exaltarse en ese momento, comenzando a gritar "slogans" reivindicativos que él consideraba adecuados para el momento:
-JOSE.- NOSOOOTRAS PARIMOS, NOSOOOTRAS DECIDIMOS!!!!!
Me llevó algún tiempo hacerle comprender que los maricones no tenían ninguna intención ni ningún interés en parir; parece que al final lo conseguí, pero no sé si fue peor el remedio que la enfermedad.
En nuestro intento de integrarnos en la manifa, esperamos pacientemente a que fueran pasando los grupos políticos, aunque a puntito estuvimos de adjuntarnos al grupo de los anarquistas, ese era nuestro espíritu de reivindicación homosexual: la anarquía.
Sin embargo, desde nuestra posición en la plaza de Cibeles, veíamos bajar por Alcalá tooooda una muchedumbre de peña en torno a unas gigantescas formas que éramos incapaces de identificar. Alguien tras de nosotros comentó: "Mira, mira! por ahí vienen las carrozas!"
"Carrozas!?!?!?!?" -pensé yo- y me salió el acento: "ESTO YE UN CIRCOOOOO”. Por supuesto, esperamos a que se acercasen, con la lentitud propia de cualquier manifestación, y metidos entre la gente que se agolpaba en los laterales para ver el espectáculo.
Evidentemente, la gente que se apostaba a los lados de la calle por donde transcurría la manifestación circense, eran todos personal "normales" que iban a ver a los "monos de feria" disfrazados, y yo parecía totalmente un mono de feria disfrazado que iba a ver a la gente que iba a ver a los manifestantes. Las miradas de reprobación comenzaron a multiplicarse, y la gente se preguntaba por qué cojones estaba yo allí en lugar de estar marchando con el resto de los mariquitas disfrazados; en realidad sé que la gente se preguntaba eso porque yo mismo también me lo preguntaba.
La respuesta llegó al mismo tiempo que las carrozas. Pero antes asistimos pacientemente al paso de los mariquitas del PSOE, que gritaban todos a potente coro:
-TODOS.- NO SE VE, NO SE VE... A LOS MARIQUITAS DEL PP.
a los mariquitas de IU, que a su vez gritaban:
-TODOS.- NO SE VE, NO SE VE.... A LOS MARIQUITAS DEL PP.
pues menuda libertad de expresión que piden los condenados, no? queriendo una manifestación pública de un hecho privado. Pero vamos a ver! Cómo cojones van a salir los mariquitas del PP a la calle, más aún, encima quieres que vayan a la manifestación pública anual de los maricones, pero qué se piensan estos, que son idiotas o qué!!!!????? Habría que ser verdaderamente gilipollas para ser del PP siendo mariquita, pero sería ya el colmo ser del PP, ser mariquita y encima GITARLO EN LA MANIFESTACIÓN DEL ORGULLO GAY! Sí claro, y los apedreamos por maricones, fachas y gilipollas, no!?
Luego el ambiente se relajó, y comenzaron a pasar por nuestros ojos:
los mariquitas de la Comunidad de Andalucía
los mariquitas de la Comunidad Valenciana
los mariquitas de la Comunidad de Castilla La Mancha
los mariquitas de la Comunidad de Catalunya
.... todos muy organizaditos por territorialidades, y yo, inocente de mí, no dando crédito, comprendí que ser mariquita no es nada si no va acompañado de una opción política y una territorialidad marcada
ah! los mariquitas de la Comunidad de Euskadi
y akí, el Jose se desbordó, claro!, como es vasco, comenzó de nuevo a gritar:
-JOSE.- GORA EUSKADI LIBREEEEEE! GORA EUSKADI LIBREEE!!
en seguida comencé con la segunda parte del discurso que había comenzado antes, y traté de nuevo de explicarle que en realidad, aunque él fuera vasco y aquella gente portara con orgullo La Ikurriña, aquello no era en realidad una manifestación política (en este punto he de reconocer que ni siquiera yo mismo estaba convencido de que tuviese razón). En todo caso, algo me impelió a insistir en mi razonamiento, y ello fue que estábamos justamente en frente del Cuartel General del Ejército; los soldaditos que estaban de guardia no tuvieron mejor idea, los pobrecillos, que asomarse a la terraza del edificio para ver el desfile, y mira tú que mala suerte, va el Jose y los ve! Pero eso no fue lo peor, lo peor fue que ellos también le vieron, claro que él hizo lo posible por conseguirlo, y algo más que lo posible, hizo lo improbable, lo inaudito, lo impropio, lo categóricamente prohibido por todas las normas de convivencia y por el sentido común más básico; el muy hijo de p.... no se le ocurre mejor cosa que ponerse a gritar como un poseso (madre! qué pulmones tiene el chiquillo) a gritar como un loco haciendo todos los aspavientos que pudo, saltando, agitando los brazos, justo en ese momento, justicamente cuando pasaban los mariquitas vascos por allí:
-JOSE.- SOLDADOS! CABRONES! ESOS SÍ SON MARICONES!
SOLDADOS! CABRONES! ESOS SÍ SON MARICONES!
SOLDADOS! CABROUMHMHMHMHHMHMMMMMM!
ahí es donde yo le puse la mano en la boca porque supuse que no tendría tiempo de convencerle antes de que los soldaditos acabaran de cargar el arma y apuntar, que es precisamente lo que estaban haciendo.
Por suerte, llegaron las “Carrozas” (de todo tipo) y Jose encontró un nuevo medio de diversión. De repente me vi envuelto en la marabunta de la gente, no sé exactamente cómo, pero allí estaba, intentando sortear los tacones que amenazaban mis desprotegidas sandalias, los tiarrones anabolizados que ni siquiera me veían a su paso, las plumas sobre estructuras alámbricas que conformaban los vestidos de aquellos que iban vestidos, claro. Entre tanto, yo buscaba al pobrecillo Jose que seguramente estaba allí pasando más miedo que vergüenza, y me lo encuentro saltando detrás de un tipo vestido de negro, veo que el tipo tiene delante una cámara de TV, oigo al Jose gritando:
-JOSE.- MAMÁÁÁÁÁÁÁ, MAMÁÁÁÁÁÁÁÁ
pensando que algo se me está escapando, analizo de nuevo la escena: ahora lo entiendo! era el reportero de Caiga Quien Caiga, y Jose estaba saltando delante de una cámara de ámbito nacional saludando a su madre en una manifestación de maricones, todo muy razonable, verdad? Claaaaroooo, hombre, ahora ve esto tu madre y le da un pasmo y lo ven tus amigos y en cuanto te bajes del autobús el próximo fin de semana te apalean con bates de béisbol, pero nada nada, tu asúmelo con dignidad y ya!
Jose, fiel a sus principios de compromiso social a favor de los maricones, de repente empezó a gritar de nuevo:
-JOSE.- MIRA! MIRA QUE PINTA! QUIERO UNA FOTO, QUIERO UNA FOTO, QUIERO UNA FOTO CON ESOS DOS CABESTROS!!!
miramos hacia donde él apuntaba claramente con el dedo y vemos a dos travestis más altos que dos torres, inmensos, que al Jose le sacaban la cabeza y medio cuerpo; la escenita era realmente digna: el Jose señalando con el dedo, gritando eso de los cabestros y mirando para nosotros, que teníamos todos una cara de susto, una cara de : “AHORA LE DAN, AHORA LE METEN, COMO LE DEN UNA OSTIA, LO DESMONTAN” pero no!, mira, ellas, muy bien tomadas, lo espachurraron contra sí mismas mientras él seguía partiéndose el culo, y le decía a Elena, su novia, que le sacase una foto. La pobre Elenita, que ya no sabía dónde meterse de la vergüenza que estaba pasando, era incapaz de sacarle la foto, y ante el peligro de que el siguiera riéndose y diciendo barbaridades, reaccioné como pude, le arrebaté como pude la cámara a Elena, y le saqué la foto.
En mala hora se me ocurrió hacerle la primera. La carroza siguiente era la de los leather, llenita de tíos super-mega-hiper cachas vestidos de cuero negro y con una pinta de mala leche que te cagas:
-JOSE.- CON ESOS, ELENA, CON ESOS, SÁCAME UNA CON ESOS “CACHONDOS” DE GIMNASIO.
Elena, con más reflejos que yo en esta ocasión, puso la cámara en mis manos y salió corriendo escondida la cara entre las suyas. Cuando volví a mirar, el Jose ya no estaba, pero sí oía un EEEEEEEEOOOOOOOO EEEEEEEEOOOOOO conocido. Miré hacia arriba y vi al Jose que se había subido a la carroza y que estaba agarrando del hombro a uno de esos “cachondos”, como él los llamaba, que tenía por demás una cara de haber matado ya a dos o tres, con lo que no me parece que le hubiera sido muy difícil plantearse que podía matar a uno más. Le tiré la foto e inmediatamente le urgí a que saltase de la carroza. Saltó, sí, saltó sobre un tío más bien gordo que seguía el camión, y oí una voz lejanamente femenina que decía:
-VOZ.- CAGUNDIOS! COMO NO TE APARTES........!
-JOSE.- AAAAAAAHHHHHHH!!!!! ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, JODER, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA.......
Gracias a dios la voz de Jose se perdía en la muchedumbre mientras la “tía” avanzaba con la caravana.
Yo ya temía la siguiente, y hacía bien, por supuesto! La siguiente carroza era la de los mariquitas pijos, fíjate tú. Allí estaban encaramadas: María Jiménez, Alaska, Martirio, Cayetana Guillén Cuervo y no sé cuántos más de estos personajes, además de una serie de “no-personajes” que se veían radiantes de felicidad por estar donde estaban. Desde sus alturas, éstos iban repartiendo, qué digo!, tirando al aire cosas, qué cosas? fácil! SUS PROPIAS cosas, o sea, ejemplares de la revista Zero. El Jose empezó a gritar “again”:
-JOSE.- A MI! A MI!, YO QUIERO, QUIERO UNAAAAAAAAAAAAA!!!
Y sí, le dieron una, muy amablemente el tío que las repartía se la tendió y el Jose se acercó a recogerla, ufano, feliz, se volvió con ella y me miró sonriente; yo, invadido por una extraña sensación de protagonismo, de repente! también deseé una, y salí corriendo a todo correr detrás del camión que las repartía, que seguía, inexorable, su avance por la caravana; grité, grité denodadamente:
-YO.- A MI! A MI!, YO TAMBIÉN QUIEROOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
pero en esta ocasión el chico no podía, ante la marcha esa inexorable del camión, entregármela en mano, así que se decidió a lanzarme una, una!? UNA!!!!???? Me tiró cinco paks de dos revistas envueltas en celofán sobre un soporte de cartón duro como una piedra. Yo, que vi de repente cómo se me venía un alud de revistas encima, no vi sin embargo el bordillo del jardincillo con el que tropecé, yendo a caer justamente encima de dos tipos de esos “cachondos” con los que el Jose flirteaba alegremente, éstos, a su vez, cayeron encima de un grupo de cuatro lesbianas que también se vieron sorprendidas ante mi empuje, y todos, TODOS!: los “cachondos, las lesbianas, yo mismo y las revistas, caímos estrepitosamente al suelo, a los pies de uno de esos “cabestros” con los que el Jose era capaz de hacerse fotos de la manera más gratuita.
A mi no me trataron son tanta condescendencia, las miradas de odio dieron paso a los insultos, y de ahí se derivaba directamente a la agresión física. Por suerte, el Jose estaba al tanto y corrió a salvarme, levantándome del suelo y explicando a las vícitmas mis nulas aptitudes físicas para algo tan sencillo como correr detrás de un camión en plena manifestación del Orgullo Guay para coger al vuelo cinco ejemplares dobles de revistas envueltas en celofán sobre soporte de cartón-piedra, que es algo que él parecía haber estado haciendo toda la vida: HUMILLANTE!!!!
Ya nada más podía ocurrir! JA! los caminos de dios son insondables y las cosas del Jose incognoscibles!
De repente el Jose tomó conciencia de que, a parte de las carrozas de la propia manifestación, por entre nosotros pasaban también personajes de lo más peculiares, y se lanzó sin pensárselo ni un minuto ni medio ni nada, se lanzó –digo- a la caza y captura de los ejemplares más “llamativos”. De sopetón le vi salir corriendo, detrás de qué? Le seguí con la mirada y le veo agarrando por un brazo a un tipo de dos metros y medio, vestido de Abeja Maya, amarillo chillón chillón chillón, con una camiseta a rayas de todos los colores chillones que uno pueda imaginar, el tipo iba sobre patines, y eso le añadía más centímetros al asunto; el pobre Jose tuvo que correr como un loco para alcanzarlo, y, como no lo conseguía, decidió desarrollar otra estrategia, así que se agazapó detrás de una señal y esperó a que el patinador pasase por allí, para saltar inmediatamente y ponerse en su camino! El ostiazo fue brutal y mientras caían en aparatoso accidente el Jose gritaba:
-JOSE.- LO COGI, LO COGÍ. HACEDME UNA FOTO, RÁPIDO, QUE SE ESCAPAAAAAAA!!!!
Contra todo pronóstico, el patinador no le rompió la crisma, sino que encantado con el “atentado”, posó con su mejor disposición para una y cuantas fotos quisiéramos hacerle; estoy seguro que si hubiera sido yo el protagonista de esa historia, esos dos metros y medio de tío sobre patines me hubiesen destrozado la cara, las piernas y ya de paso la vida, pero no!, como era el Jose, todo era maravilloso y estúpidamente divertido!
Luego persiguió a dos lesbianas madres solteras, animal peligroso donde los haya; a dos maricas punkis; a un grupo de tres tiarrones de cabeza rapada y vestidos de cuero; varios osos, militares, posmodernos, modernillas, emplumados, heteroides, mulatos, chaperos, negros, maricas extranjeros, nacionales,...... todos ellos estaban encantados, encantados! ENCANTADOS! ENCANTADOOOOOOOSSSSSS!!!!!!!!!
Y YO!?!?!?! Y YOOOOOOOO!?!?!?! Yo estaba hasta los cojones del Jose, de la fiesta, de las maricas, del calor, de la peña y de sentirme marginado porque no era un hétero de mierda que se integraba en la fiesta como “EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO”.
Finalmente, el verdadero protagonista de la fiesta: EL JOSE, nos llevó a tomar una copa a una sidrería, UNA SIDRERÍA, donde tuve que pelearme con el dueño para que me dejara pasar, intentando convencerle de que mi disfraz de mariquita era puntual, y que yo en realidad era un tipo más normal que el jefe del grupo que acababa de entrar. Hubiera debido quedarme fuera: me miraba todo el mundo con una cara!!!! SI ES QUE ME MIRABAN HASTA LAS PUTAS CHINAS DE LAS PUTAS ROSAS!!!!
Desesperado, decidí abandonar la fiesta, marcharme a casa a llorar mis derrotar y abandonar para siempre el difícil mundo de los maricones, donde cualquier heterosexual puede convertirse en el centro de atención y cualquier maricón de pro, de los de toda la vida, puede resultar apaleado, vilipendiado, despreciado y marginado por sus congéneres.
Guillermo Sande
Después de toda una vida aguantando que mis amiguinos me tachasen de "NO COMPROMETIDO", nueva forma de marginar a un marginado desde dentro del propio grupo marginal, me decido.
Realmente siempre había tenido curiosidad por asistir a uno de esos eventos multitudinarios, y más si, como en esta ocasión, uno tiene la posibilidad de verlo tanto desde fuera como desde dentro.
Me preparé concienzudamente para la aventura, incluso conseguí como novio puntual a los efectos a un tipo IMPRESIONANTE de esos que dejan con la boca abierta a cualquier maricón que se precie.
Con todo, yo intentaba ponerme en mi lugar, y hablaba con quien realmente me convenció para ir: el Jose.
Empeñado en "reivindicar" (él, sí, sí, él) los derechos de los maricones, acabó convenciéndome para ir a la manifa, aunque no consiguió convencerme de sus altruistas intenciones; en realidad yo quería ir a ver a toda una serie de monos de feria protagonizando un desfile más de fiesta propagandística que de reivindicación real, que, por otra parte, es una lucha que ya está obsoleta, desde mi punto de vista al menos.
Llegado el día, me puse mi disfraz de mariquita, perfectamente estudiado para la ocasión: vaqueros ajustados y convertidos en "piratas" según el más puro estilo "punk" (o sea, enganchados con unos vulgares imperdibles de mierda que compré en un todo a 0.60 €) que tan de moda se ha puesto esta temporada en el mundillo gay; camiseta ajustada (compresiva, diría yo) y, por supuesto, sin mangas, marcando el poco o mucho músculo que uno tenga (en mi caso más bien poco); bolsito de moda, pequeño, pero compacto y amplio por dentro (amplio, amplio, y una mierda amplio!!! eso es lo que dicen, pero al final, como te han dicho que es amplio, tú empiezas a meter, y acabas reventándolo, y, haaaaalaaaaaaaa, a comprar otro, un poquito más grande, claro, y otra vez los mismo; o sea, que al final te acabas llevando la mochila de siempre pero habiéndote comprado entre medias los cinco tamaños de bolso correspondientes, vamos! un puto engañabobos), color? negro, faltaría más. O sea, que iba yo hecho un brazo de mar, o una piltrafa, según se mire (según lo miro yo iba completamente ridículo)
Pugné en todo caso por meterme en el papel lo más posible, y yo, que nunca me he cortado por manifestarme en cualquier parte de la manera que mejor me pareciese en ese momento (es por ello de la cantidad de veces que he metido la pata en el momento justo y menos adecuado), pues ese mismo yo me convencí de que ese era el momento y el lugar para mostrarse ante el mundo como inconfundiblemente MARICA.
Nos encaminamos hacia la manifa, habíamos quedado justamente en el punto donde iba a finalizar, así que, para llegar a la cabecera de la misma, tuvimos que realizar el recorrido a la inversa. Por supuesto, no llegamos a tiempo; conclusión: la manifa casi nos aplasta cuando llegamos a ella, así que nos apartamos para dejar pasar las primeras pancartas reivindicativas, que mira tú por donde, reivindicaban que la política no nos considera maricones en todo lugar, momento y circunstancia. No sabía yo que para hacer política hay que denotar en qué lado de la cama duerme uno.
Jose comenzó a exaltarse en ese momento, comenzando a gritar "slogans" reivindicativos que él consideraba adecuados para el momento:
-JOSE.- NOSOOOTRAS PARIMOS, NOSOOOTRAS DECIDIMOS!!!!!
Me llevó algún tiempo hacerle comprender que los maricones no tenían ninguna intención ni ningún interés en parir; parece que al final lo conseguí, pero no sé si fue peor el remedio que la enfermedad.
En nuestro intento de integrarnos en la manifa, esperamos pacientemente a que fueran pasando los grupos políticos, aunque a puntito estuvimos de adjuntarnos al grupo de los anarquistas, ese era nuestro espíritu de reivindicación homosexual: la anarquía.
Sin embargo, desde nuestra posición en la plaza de Cibeles, veíamos bajar por Alcalá tooooda una muchedumbre de peña en torno a unas gigantescas formas que éramos incapaces de identificar. Alguien tras de nosotros comentó: "Mira, mira! por ahí vienen las carrozas!"
"Carrozas!?!?!?!?" -pensé yo- y me salió el acento: "ESTO YE UN CIRCOOOOO”. Por supuesto, esperamos a que se acercasen, con la lentitud propia de cualquier manifestación, y metidos entre la gente que se agolpaba en los laterales para ver el espectáculo.
Evidentemente, la gente que se apostaba a los lados de la calle por donde transcurría la manifestación circense, eran todos personal "normales" que iban a ver a los "monos de feria" disfrazados, y yo parecía totalmente un mono de feria disfrazado que iba a ver a la gente que iba a ver a los manifestantes. Las miradas de reprobación comenzaron a multiplicarse, y la gente se preguntaba por qué cojones estaba yo allí en lugar de estar marchando con el resto de los mariquitas disfrazados; en realidad sé que la gente se preguntaba eso porque yo mismo también me lo preguntaba.
La respuesta llegó al mismo tiempo que las carrozas. Pero antes asistimos pacientemente al paso de los mariquitas del PSOE, que gritaban todos a potente coro:
-TODOS.- NO SE VE, NO SE VE... A LOS MARIQUITAS DEL PP.
a los mariquitas de IU, que a su vez gritaban:
-TODOS.- NO SE VE, NO SE VE.... A LOS MARIQUITAS DEL PP.
pues menuda libertad de expresión que piden los condenados, no? queriendo una manifestación pública de un hecho privado. Pero vamos a ver! Cómo cojones van a salir los mariquitas del PP a la calle, más aún, encima quieres que vayan a la manifestación pública anual de los maricones, pero qué se piensan estos, que son idiotas o qué!!!!????? Habría que ser verdaderamente gilipollas para ser del PP siendo mariquita, pero sería ya el colmo ser del PP, ser mariquita y encima GITARLO EN LA MANIFESTACIÓN DEL ORGULLO GAY! Sí claro, y los apedreamos por maricones, fachas y gilipollas, no!?
Luego el ambiente se relajó, y comenzaron a pasar por nuestros ojos:
los mariquitas de la Comunidad de Andalucía
los mariquitas de la Comunidad Valenciana
los mariquitas de la Comunidad de Castilla La Mancha
los mariquitas de la Comunidad de Catalunya
.... todos muy organizaditos por territorialidades, y yo, inocente de mí, no dando crédito, comprendí que ser mariquita no es nada si no va acompañado de una opción política y una territorialidad marcada
ah! los mariquitas de la Comunidad de Euskadi
y akí, el Jose se desbordó, claro!, como es vasco, comenzó de nuevo a gritar:
-JOSE.- GORA EUSKADI LIBREEEEEE! GORA EUSKADI LIBREEE!!
en seguida comencé con la segunda parte del discurso que había comenzado antes, y traté de nuevo de explicarle que en realidad, aunque él fuera vasco y aquella gente portara con orgullo La Ikurriña, aquello no era en realidad una manifestación política (en este punto he de reconocer que ni siquiera yo mismo estaba convencido de que tuviese razón). En todo caso, algo me impelió a insistir en mi razonamiento, y ello fue que estábamos justamente en frente del Cuartel General del Ejército; los soldaditos que estaban de guardia no tuvieron mejor idea, los pobrecillos, que asomarse a la terraza del edificio para ver el desfile, y mira tú que mala suerte, va el Jose y los ve! Pero eso no fue lo peor, lo peor fue que ellos también le vieron, claro que él hizo lo posible por conseguirlo, y algo más que lo posible, hizo lo improbable, lo inaudito, lo impropio, lo categóricamente prohibido por todas las normas de convivencia y por el sentido común más básico; el muy hijo de p.... no se le ocurre mejor cosa que ponerse a gritar como un poseso (madre! qué pulmones tiene el chiquillo) a gritar como un loco haciendo todos los aspavientos que pudo, saltando, agitando los brazos, justo en ese momento, justicamente cuando pasaban los mariquitas vascos por allí:
-JOSE.- SOLDADOS! CABRONES! ESOS SÍ SON MARICONES!
SOLDADOS! CABRONES! ESOS SÍ SON MARICONES!
SOLDADOS! CABROUMHMHMHMHHMHMMMMMM!
ahí es donde yo le puse la mano en la boca porque supuse que no tendría tiempo de convencerle antes de que los soldaditos acabaran de cargar el arma y apuntar, que es precisamente lo que estaban haciendo.
Por suerte, llegaron las “Carrozas” (de todo tipo) y Jose encontró un nuevo medio de diversión. De repente me vi envuelto en la marabunta de la gente, no sé exactamente cómo, pero allí estaba, intentando sortear los tacones que amenazaban mis desprotegidas sandalias, los tiarrones anabolizados que ni siquiera me veían a su paso, las plumas sobre estructuras alámbricas que conformaban los vestidos de aquellos que iban vestidos, claro. Entre tanto, yo buscaba al pobrecillo Jose que seguramente estaba allí pasando más miedo que vergüenza, y me lo encuentro saltando detrás de un tipo vestido de negro, veo que el tipo tiene delante una cámara de TV, oigo al Jose gritando:
-JOSE.- MAMÁÁÁÁÁÁÁ, MAMÁÁÁÁÁÁÁÁ
pensando que algo se me está escapando, analizo de nuevo la escena: ahora lo entiendo! era el reportero de Caiga Quien Caiga, y Jose estaba saltando delante de una cámara de ámbito nacional saludando a su madre en una manifestación de maricones, todo muy razonable, verdad? Claaaaroooo, hombre, ahora ve esto tu madre y le da un pasmo y lo ven tus amigos y en cuanto te bajes del autobús el próximo fin de semana te apalean con bates de béisbol, pero nada nada, tu asúmelo con dignidad y ya!
Jose, fiel a sus principios de compromiso social a favor de los maricones, de repente empezó a gritar de nuevo:
-JOSE.- MIRA! MIRA QUE PINTA! QUIERO UNA FOTO, QUIERO UNA FOTO, QUIERO UNA FOTO CON ESOS DOS CABESTROS!!!
miramos hacia donde él apuntaba claramente con el dedo y vemos a dos travestis más altos que dos torres, inmensos, que al Jose le sacaban la cabeza y medio cuerpo; la escenita era realmente digna: el Jose señalando con el dedo, gritando eso de los cabestros y mirando para nosotros, que teníamos todos una cara de susto, una cara de : “AHORA LE DAN, AHORA LE METEN, COMO LE DEN UNA OSTIA, LO DESMONTAN” pero no!, mira, ellas, muy bien tomadas, lo espachurraron contra sí mismas mientras él seguía partiéndose el culo, y le decía a Elena, su novia, que le sacase una foto. La pobre Elenita, que ya no sabía dónde meterse de la vergüenza que estaba pasando, era incapaz de sacarle la foto, y ante el peligro de que el siguiera riéndose y diciendo barbaridades, reaccioné como pude, le arrebaté como pude la cámara a Elena, y le saqué la foto.
En mala hora se me ocurrió hacerle la primera. La carroza siguiente era la de los leather, llenita de tíos super-mega-hiper cachas vestidos de cuero negro y con una pinta de mala leche que te cagas:
-JOSE.- CON ESOS, ELENA, CON ESOS, SÁCAME UNA CON ESOS “CACHONDOS” DE GIMNASIO.
Elena, con más reflejos que yo en esta ocasión, puso la cámara en mis manos y salió corriendo escondida la cara entre las suyas. Cuando volví a mirar, el Jose ya no estaba, pero sí oía un EEEEEEEEOOOOOOOO EEEEEEEEOOOOOO conocido. Miré hacia arriba y vi al Jose que se había subido a la carroza y que estaba agarrando del hombro a uno de esos “cachondos”, como él los llamaba, que tenía por demás una cara de haber matado ya a dos o tres, con lo que no me parece que le hubiera sido muy difícil plantearse que podía matar a uno más. Le tiré la foto e inmediatamente le urgí a que saltase de la carroza. Saltó, sí, saltó sobre un tío más bien gordo que seguía el camión, y oí una voz lejanamente femenina que decía:
-VOZ.- CAGUNDIOS! COMO NO TE APARTES........!
-JOSE.- AAAAAAAHHHHHHH!!!!! ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, JODER, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA.......
Gracias a dios la voz de Jose se perdía en la muchedumbre mientras la “tía” avanzaba con la caravana.
Yo ya temía la siguiente, y hacía bien, por supuesto! La siguiente carroza era la de los mariquitas pijos, fíjate tú. Allí estaban encaramadas: María Jiménez, Alaska, Martirio, Cayetana Guillén Cuervo y no sé cuántos más de estos personajes, además de una serie de “no-personajes” que se veían radiantes de felicidad por estar donde estaban. Desde sus alturas, éstos iban repartiendo, qué digo!, tirando al aire cosas, qué cosas? fácil! SUS PROPIAS cosas, o sea, ejemplares de la revista Zero. El Jose empezó a gritar “again”:
-JOSE.- A MI! A MI!, YO QUIERO, QUIERO UNAAAAAAAAAAAAA!!!
Y sí, le dieron una, muy amablemente el tío que las repartía se la tendió y el Jose se acercó a recogerla, ufano, feliz, se volvió con ella y me miró sonriente; yo, invadido por una extraña sensación de protagonismo, de repente! también deseé una, y salí corriendo a todo correr detrás del camión que las repartía, que seguía, inexorable, su avance por la caravana; grité, grité denodadamente:
-YO.- A MI! A MI!, YO TAMBIÉN QUIEROOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
pero en esta ocasión el chico no podía, ante la marcha esa inexorable del camión, entregármela en mano, así que se decidió a lanzarme una, una!? UNA!!!!???? Me tiró cinco paks de dos revistas envueltas en celofán sobre un soporte de cartón duro como una piedra. Yo, que vi de repente cómo se me venía un alud de revistas encima, no vi sin embargo el bordillo del jardincillo con el que tropecé, yendo a caer justamente encima de dos tipos de esos “cachondos” con los que el Jose flirteaba alegremente, éstos, a su vez, cayeron encima de un grupo de cuatro lesbianas que también se vieron sorprendidas ante mi empuje, y todos, TODOS!: los “cachondos, las lesbianas, yo mismo y las revistas, caímos estrepitosamente al suelo, a los pies de uno de esos “cabestros” con los que el Jose era capaz de hacerse fotos de la manera más gratuita.
A mi no me trataron son tanta condescendencia, las miradas de odio dieron paso a los insultos, y de ahí se derivaba directamente a la agresión física. Por suerte, el Jose estaba al tanto y corrió a salvarme, levantándome del suelo y explicando a las vícitmas mis nulas aptitudes físicas para algo tan sencillo como correr detrás de un camión en plena manifestación del Orgullo Guay para coger al vuelo cinco ejemplares dobles de revistas envueltas en celofán sobre soporte de cartón-piedra, que es algo que él parecía haber estado haciendo toda la vida: HUMILLANTE!!!!
Ya nada más podía ocurrir! JA! los caminos de dios son insondables y las cosas del Jose incognoscibles!
De repente el Jose tomó conciencia de que, a parte de las carrozas de la propia manifestación, por entre nosotros pasaban también personajes de lo más peculiares, y se lanzó sin pensárselo ni un minuto ni medio ni nada, se lanzó –digo- a la caza y captura de los ejemplares más “llamativos”. De sopetón le vi salir corriendo, detrás de qué? Le seguí con la mirada y le veo agarrando por un brazo a un tipo de dos metros y medio, vestido de Abeja Maya, amarillo chillón chillón chillón, con una camiseta a rayas de todos los colores chillones que uno pueda imaginar, el tipo iba sobre patines, y eso le añadía más centímetros al asunto; el pobre Jose tuvo que correr como un loco para alcanzarlo, y, como no lo conseguía, decidió desarrollar otra estrategia, así que se agazapó detrás de una señal y esperó a que el patinador pasase por allí, para saltar inmediatamente y ponerse en su camino! El ostiazo fue brutal y mientras caían en aparatoso accidente el Jose gritaba:
-JOSE.- LO COGI, LO COGÍ. HACEDME UNA FOTO, RÁPIDO, QUE SE ESCAPAAAAAAA!!!!
Contra todo pronóstico, el patinador no le rompió la crisma, sino que encantado con el “atentado”, posó con su mejor disposición para una y cuantas fotos quisiéramos hacerle; estoy seguro que si hubiera sido yo el protagonista de esa historia, esos dos metros y medio de tío sobre patines me hubiesen destrozado la cara, las piernas y ya de paso la vida, pero no!, como era el Jose, todo era maravilloso y estúpidamente divertido!
Luego persiguió a dos lesbianas madres solteras, animal peligroso donde los haya; a dos maricas punkis; a un grupo de tres tiarrones de cabeza rapada y vestidos de cuero; varios osos, militares, posmodernos, modernillas, emplumados, heteroides, mulatos, chaperos, negros, maricas extranjeros, nacionales,...... todos ellos estaban encantados, encantados! ENCANTADOS! ENCANTADOOOOOOOSSSSSS!!!!!!!!!
Y YO!?!?!?! Y YOOOOOOOO!?!?!?! Yo estaba hasta los cojones del Jose, de la fiesta, de las maricas, del calor, de la peña y de sentirme marginado porque no era un hétero de mierda que se integraba en la fiesta como “EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO”.
Finalmente, el verdadero protagonista de la fiesta: EL JOSE, nos llevó a tomar una copa a una sidrería, UNA SIDRERÍA, donde tuve que pelearme con el dueño para que me dejara pasar, intentando convencerle de que mi disfraz de mariquita era puntual, y que yo en realidad era un tipo más normal que el jefe del grupo que acababa de entrar. Hubiera debido quedarme fuera: me miraba todo el mundo con una cara!!!! SI ES QUE ME MIRABAN HASTA LAS PUTAS CHINAS DE LAS PUTAS ROSAS!!!!
Desesperado, decidí abandonar la fiesta, marcharme a casa a llorar mis derrotar y abandonar para siempre el difícil mundo de los maricones, donde cualquier heterosexual puede convertirse en el centro de atención y cualquier maricón de pro, de los de toda la vida, puede resultar apaleado, vilipendiado, despreciado y marginado por sus congéneres.
Después de toda una vida aguantando que mis amiguinos me tachasen de "NO COMPROMETIDO", nueva forma de marginar a un marginado desde dentro del propio grupo marginal, me decido.
Realmente siempre había tenido curiosidad por asistir a uno de esos eventos multitudinarios, y más si, como en esta ocasión, uno tiene la posibilidad de verlo tanto desde fuera como desde dentro.
Me preparé concienzudamente para la aventura, incluso conseguí como novio puntual a los efectos a un tipo IMPRESIONANTE de esos que dejan con la boca abierta a cualquier maricón que se precie.
Con todo, yo intentaba ponerme en mi lugar, y hablaba con quien realmente me convenció para ir: el Jose.
Empeñado en "reivindicar" (él, sí, sí, él) los derechos de los maricones, acabó convenciéndome para ir a la manifa, aunque no consiguió convencerme de sus altruistas intenciones; en realidad yo quería ir a ver a toda una serie de monos de feria protagonizando un desfile más de fiesta propagandística que de reivindicación real, que, por otra parte, es una lucha que ya está obsoleta, desde mi punto de vista al menos.
Llegado el día, me puse mi disfraz de mariquita, perfectamente estudiado para la ocasión: vaqueros ajustados y convertidos en "piratas" según el más puro estilo "punk" (o sea, enganchados con unos vulgares imperdibles de mierda que compré en un todo a 0.60 €) que tan de moda se ha puesto esta temporada en el mundillo gay; camiseta ajustada (compresiva, diría yo) y, por supuesto, sin mangas, marcando el poco o mucho músculo que uno tenga (en mi caso más bien poco); bolsito de moda, pequeño, pero compacto y amplio por dentro (amplio, amplio, y una mierda amplio!!! eso es lo que dicen, pero al final, como te han dicho que es amplio, tú empiezas a meter, y acabas reventándolo, y, haaaaalaaaaaaaa, a comprar otro, un poquito más grande, claro, y otra vez los mismo; o sea, que al final te acabas llevando la mochila de siempre pero habiéndote comprado entre medias los cinco tamaños de bolso correspondientes, vamos! un puto engañabobos), color? negro, faltaría más. O sea, que iba yo hecho un brazo de mar, o una piltrafa, según se mire (según lo miro yo iba completamente ridículo)
Pugné en todo caso por meterme en el papel lo más posible, y yo, que nunca me he cortado por manifestarme en cualquier parte de la manera que mejor me pareciese en ese momento (es por ello de la cantidad de veces que he metido la pata en el momento justo y menos adecuado), pues ese mismo yo me convencí de que ese era el momento y el lugar para mostrarse ante el mundo como inconfundiblemente MARICA.
Nos encaminamos hacia la manifa, habíamos quedado justamente en el punto donde iba a finalizar, así que, para llegar a la cabecera de la misma, tuvimos que realizar el recorrido a la inversa. Por supuesto, no llegamos a tiempo; conclusión: la manifa casi nos aplasta cuando llegamos a ella, así que nos apartamos para dejar pasar las primeras pancartas reivindicativas, que mira tú por donde, reivindicaban que la política no nos considera maricones en todo lugar, momento y circunstancia. No sabía yo que para hacer política hay que denotar en qué lado de la cama duerme uno.
Jose comenzó a exaltarse en ese momento, comenzando a gritar "slogans" reivindicativos que él consideraba adecuados para el momento:
-JOSE.- NOSOOOTRAS PARIMOS, NOSOOOTRAS DECIDIMOS!!!!!
Me llevó algún tiempo hacerle comprender que los maricones no tenían ninguna intención ni ningún interés en parir; parece que al final lo conseguí, pero no sé si fue peor el remedio que la enfermedad.
En nuestro intento de integrarnos en la manifa, esperamos pacientemente a que fueran pasando los grupos políticos, aunque a puntito estuvimos de adjuntarnos al grupo de los anarquistas, ese era nuestro espíritu de reivindicación homosexual: la anarquía.
Sin embargo, desde nuestra posición en la plaza de Cibeles, veíamos bajar por Alcalá tooooda una muchedumbre de peña en torno a unas gigantescas formas que éramos incapaces de identificar. Alguien tras de nosotros comentó: "Mira, mira! por ahí vienen las carrozas!"
"Carrozas!?!?!?!?" -pensé yo- y me salió el acento: "ESTO YE UN CIRCOOOOO”. Por supuesto, esperamos a que se acercasen, con la lentitud propia de cualquier manifestación, y metidos entre la gente que se agolpaba en los laterales para ver el espectáculo.
Evidentemente, la gente que se apostaba a los lados de la calle por donde transcurría la manifestación circense, eran todos personal "normales" que iban a ver a los "monos de feria" disfrazados, y yo parecía totalmente un mono de feria disfrazado que iba a ver a la gente que iba a ver a los manifestantes. Las miradas de reprobación comenzaron a multiplicarse, y la gente se preguntaba por qué cojones estaba yo allí en lugar de estar marchando con el resto de los mariquitas disfrazados; en realidad sé que la gente se preguntaba eso porque yo mismo también me lo preguntaba.
La respuesta llegó al mismo tiempo que las carrozas. Pero antes asistimos pacientemente al paso de los mariquitas del PSOE, que gritaban todos a potente coro:
-TODOS.- NO SE VE, NO SE VE... A LOS MARIQUITAS DEL PP.
a los mariquitas de IU, que a su vez gritaban:
-TODOS.- NO SE VE, NO SE VE.... A LOS MARIQUITAS DEL PP.
pues menuda libertad de expresión que piden los condenados, no? queriendo una manifestación pública de un hecho privado. Pero vamos a ver! Cómo cojones van a salir los mariquitas del PP a la calle, más aún, encima quieres que vayan a la manifestación pública anual de los maricones, pero qué se piensan estos, que son idiotas o qué!!!!????? Habría que ser verdaderamente gilipollas para ser del PP siendo mariquita, pero sería ya el colmo ser del PP, ser mariquita y encima GITARLO EN LA MANIFESTACIÓN DEL ORGULLO GAY! Sí claro, y los apedreamos por maricones, fachas y gilipollas, no!?
Luego el ambiente se relajó, y comenzaron a pasar por nuestros ojos:
los mariquitas de la Comunidad de Andalucía
los mariquitas de la Comunidad Valenciana
los mariquitas de la Comunidad de Castilla La Mancha
los mariquitas de la Comunidad de Catalunya
.... todos muy organizaditos por territorialidades, y yo, inocente de mí, no dando crédito, comprendí que ser mariquita no es nada si no va acompañado de una opción política y una territorialidad marcada
ah! los mariquitas de la Comunidad de Euskadi
y akí, el Jose se desbordó, claro!, como es vasco, comenzó de nuevo a gritar:
-JOSE.- GORA EUSKADI LIBREEEEEE! GORA EUSKADI LIBREEE!!
en seguida comencé con la segunda parte del discurso que había comenzado antes, y traté de nuevo de explicarle que en realidad, aunque él fuera vasco y aquella gente portara con orgullo La Ikurriña, aquello no era en realidad una manifestación política (en este punto he de reconocer que ni siquiera yo mismo estaba convencido de que tuviese razón). En todo caso, algo me impelió a insistir en mi razonamiento, y ello fue que estábamos justamente en frente del Cuartel General del Ejército; los soldaditos que estaban de guardia no tuvieron mejor idea, los pobrecillos, que asomarse a la terraza del edificio para ver el desfile, y mira tú que mala suerte, va el Jose y los ve! Pero eso no fue lo peor, lo peor fue que ellos también le vieron, claro que él hizo lo posible por conseguirlo, y algo más que lo posible, hizo lo improbable, lo inaudito, lo impropio, lo categóricamente prohibido por todas las normas de convivencia y por el sentido común más básico; el muy hijo de p.... no se le ocurre mejor cosa que ponerse a gritar como un poseso (madre! qué pulmones tiene el chiquillo) a gritar como un loco haciendo todos los aspavientos que pudo, saltando, agitando los brazos, justo en ese momento, justicamente cuando pasaban los mariquitas vascos por allí:
-JOSE.- SOLDADOS! CABRONES! ESOS SÍ SON MARICONES!
SOLDADOS! CABRONES! ESOS SÍ SON MARICONES!
SOLDADOS! CABROUMHMHMHMHHMHMMMMMM!
ahí es donde yo le puse la mano en la boca porque supuse que no tendría tiempo de convencerle antes de que los soldaditos acabaran de cargar el arma y apuntar, que es precisamente lo que estaban haciendo.
Por suerte, llegaron las “Carrozas” (de todo tipo) y Jose encontró un nuevo medio de diversión. De repente me vi envuelto en la marabunta de la gente, no sé exactamente cómo, pero allí estaba, intentando sortear los tacones que amenazaban mis desprotegidas sandalias, los tiarrones anabolizados que ni siquiera me veían a su paso, las plumas sobre estructuras alámbricas que conformaban los vestidos de aquellos que iban vestidos, claro. Entre tanto, yo buscaba al pobrecillo Jose que seguramente estaba allí pasando más miedo que vergüenza, y me lo encuentro saltando detrás de un tipo vestido de negro, veo que el tipo tiene delante una cámara de TV, oigo al Jose gritando:
-JOSE.- MAMÁÁÁÁÁÁÁ, MAMÁÁÁÁÁÁÁÁ
pensando que algo se me está escapando, analizo de nuevo la escena: ahora lo entiendo! era el reportero de Caiga Quien Caiga, y Jose estaba saltando delante de una cámara de ámbito nacional saludando a su madre en una manifestación de maricones, todo muy razonable, verdad? Claaaaroooo, hombre, ahora ve esto tu madre y le da un pasmo y lo ven tus amigos y en cuanto te bajes del autobús el próximo fin de semana te apalean con bates de béisbol, pero nada nada, tu asúmelo con dignidad y ya!
Jose, fiel a sus principios de compromiso social a favor de los maricones, de repente empezó a gritar de nuevo:
-JOSE.- MIRA! MIRA QUE PINTA! QUIERO UNA FOTO, QUIERO UNA FOTO, QUIERO UNA FOTO CON ESOS DOS CABESTROS!!!
miramos hacia donde él apuntaba claramente con el dedo y vemos a dos travestis más altos que dos torres, inmensos, que al Jose le sacaban la cabeza y medio cuerpo; la escenita era realmente digna: el Jose señalando con el dedo, gritando eso de los cabestros y mirando para nosotros, que teníamos todos una cara de susto, una cara de : “AHORA LE DAN, AHORA LE METEN, COMO LE DEN UNA OSTIA, LO DESMONTAN” pero no!, mira, ellas, muy bien tomadas, lo espachurraron contra sí mismas mientras él seguía partiéndose el culo, y le decía a Elena, su novia, que le sacase una foto. La pobre Elenita, que ya no sabía dónde meterse de la vergüenza que estaba pasando, era incapaz de sacarle la foto, y ante el peligro de que el siguiera riéndose y diciendo barbaridades, reaccioné como pude, le arrebaté como pude la cámara a Elena, y le saqué la foto.
En mala hora se me ocurrió hacerle la primera. La carroza siguiente era la de los leather, llenita de tíos super-mega-hiper cachas vestidos de cuero negro y con una pinta de mala leche que te cagas:
-JOSE.- CON ESOS, ELENA, CON ESOS, SÁCAME UNA CON ESOS “CACHONDOS” DE GIMNASIO.
Elena, con más reflejos que yo en esta ocasión, puso la cámara en mis manos y salió corriendo escondida la cara entre las suyas. Cuando volví a mirar, el Jose ya no estaba, pero sí oía un EEEEEEEEOOOOOOOO EEEEEEEEOOOOOO conocido. Miré hacia arriba y vi al Jose que se había subido a la carroza y que estaba agarrando del hombro a uno de esos “cachondos”, como él los llamaba, que tenía por demás una cara de haber matado ya a dos o tres, con lo que no me parece que le hubiera sido muy difícil plantearse que podía matar a uno más. Le tiré la foto e inmediatamente le urgí a que saltase de la carroza. Saltó, sí, saltó sobre un tío más bien gordo que seguía el camión, y oí una voz lejanamente femenina que decía:
-VOZ.- CAGUNDIOS! COMO NO TE APARTES........!
-JOSE.- AAAAAAAHHHHHHH!!!!! ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, JODER, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA, ES UNA TÍA.......
Gracias a dios la voz de Jose se perdía en la muchedumbre mientras la “tía” avanzaba con la caravana.
Yo ya temía la siguiente, y hacía bien, por supuesto! La siguiente carroza era la de los mariquitas pijos, fíjate tú. Allí estaban encaramadas: María Jiménez, Alaska, Martirio, Cayetana Guillén Cuervo y no sé cuántos más de estos personajes, además de una serie de “no-personajes” que se veían radiantes de felicidad por estar donde estaban. Desde sus alturas, éstos iban repartiendo, qué digo!, tirando al aire cosas, qué cosas? fácil! SUS PROPIAS cosas, o sea, ejemplares de la revista Zero. El Jose empezó a gritar “again”:
-JOSE.- A MI! A MI!, YO QUIERO, QUIERO UNAAAAAAAAAAAAA!!!
Y sí, le dieron una, muy amablemente el tío que las repartía se la tendió y el Jose se acercó a recogerla, ufano, feliz, se volvió con ella y me miró sonriente; yo, invadido por una extraña sensación de protagonismo, de repente! también deseé una, y salí corriendo a todo correr detrás del camión que las repartía, que seguía, inexorable, su avance por la caravana; grité, grité denodadamente:
-YO.- A MI! A MI!, YO TAMBIÉN QUIEROOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!
pero en esta ocasión el chico no podía, ante la marcha esa inexorable del camión, entregármela en mano, así que se decidió a lanzarme una, una!? UNA!!!!???? Me tiró cinco paks de dos revistas envueltas en celofán sobre un soporte de cartón duro como una piedra. Yo, que vi de repente cómo se me venía un alud de revistas encima, no vi sin embargo el bordillo del jardincillo con el que tropecé, yendo a caer justamente encima de dos tipos de esos “cachondos” con los que el Jose flirteaba alegremente, éstos, a su vez, cayeron encima de un grupo de cuatro lesbianas que también se vieron sorprendidas ante mi empuje, y todos, TODOS!: los “cachondos, las lesbianas, yo mismo y las revistas, caímos estrepitosamente al suelo, a los pies de uno de esos “cabestros” con los que el Jose era capaz de hacerse fotos de la manera más gratuita.
A mi no me trataron son tanta condescendencia, las miradas de odio dieron paso a los insultos, y de ahí se derivaba directamente a la agresión física. Por suerte, el Jose estaba al tanto y corrió a salvarme, levantándome del suelo y explicando a las vícitmas mis nulas aptitudes físicas para algo tan sencillo como correr detrás de un camión en plena manifestación del Orgullo Guay para coger al vuelo cinco ejemplares dobles de revistas envueltas en celofán sobre soporte de cartón-piedra, que es algo que él parecía haber estado haciendo toda la vida: HUMILLANTE!!!!
Ya nada más podía ocurrir! JA! los caminos de dios son insondables y las cosas del Jose incognoscibles!
De repente el Jose tomó conciencia de que, a parte de las carrozas de la propia manifestación, por entre nosotros pasaban también personajes de lo más peculiares, y se lanzó sin pensárselo ni un minuto ni medio ni nada, se lanzó –digo- a la caza y captura de los ejemplares más “llamativos”. De sopetón le vi salir corriendo, detrás de qué? Le seguí con la mirada y le veo agarrando por un brazo a un tipo de dos metros y medio, vestido de Abeja Maya, amarillo chillón chillón chillón, con una camiseta a rayas de todos los colores chillones que uno pueda imaginar, el tipo iba sobre patines, y eso le añadía más centímetros al asunto; el pobre Jose tuvo que correr como un loco para alcanzarlo, y, como no lo conseguía, decidió desarrollar otra estrategia, así que se agazapó detrás de una señal y esperó a que el patinador pasase por allí, para saltar inmediatamente y ponerse en su camino! El ostiazo fue brutal y mientras caían en aparatoso accidente el Jose gritaba:
-JOSE.- LO COGI, LO COGÍ. HACEDME UNA FOTO, RÁPIDO, QUE SE ESCAPAAAAAAA!!!!
Contra todo pronóstico, el patinador no le rompió la crisma, sino que encantado con el “atentado”, posó con su mejor disposición para una y cuantas fotos quisiéramos hacerle; estoy seguro que si hubiera sido yo el protagonista de esa historia, esos dos metros y medio de tío sobre patines me hubiesen destrozado la cara, las piernas y ya de paso la vida, pero no!, como era el Jose, todo era maravilloso y estúpidamente divertido!
Luego persiguió a dos lesbianas madres solteras, animal peligroso donde los haya; a dos maricas punkis; a un grupo de tres tiarrones de cabeza rapada y vestidos de cuero; varios osos, militares, posmodernos, modernillas, emplumados, heteroides, mulatos, chaperos, negros, maricas extranjeros, nacionales,...... todos ellos estaban encantados, encantados! ENCANTADOS! ENCANTADOOOOOOOSSSSSS!!!!!!!!!
Y YO!?!?!?! Y YOOOOOOOO!?!?!?! Yo estaba hasta los cojones del Jose, de la fiesta, de las maricas, del calor, de la peña y de sentirme marginado porque no era un hétero de mierda que se integraba en la fiesta como “EL MAYOR ESPECTÁCULO DEL MUNDO”.
Finalmente, el verdadero protagonista de la fiesta: EL JOSE, nos llevó a tomar una copa a una sidrería, UNA SIDRERÍA, donde tuve que pelearme con el dueño para que me dejara pasar, intentando convencerle de que mi disfraz de mariquita era puntual, y que yo en realidad era un tipo más normal que el jefe del grupo que acababa de entrar. Hubiera debido quedarme fuera: me miraba todo el mundo con una cara!!!! SI ES QUE ME MIRABAN HASTA LAS PUTAS CHINAS DE LAS PUTAS ROSAS!!!!
Desesperado, decidí abandonar la fiesta, marcharme a casa a llorar mis derrotar y abandonar para siempre el difícil mundo de los maricones, donde cualquier heterosexual puede convertirse en el centro de atención y cualquier maricón de pro, de los de toda la vida, puede resultar apaleado, vilipendiado, despreciado y marginado por sus congéneres.
Guillermo Sande
martes, julio 05, 2005
Shara
Shara:
novia
hermana
hija.
Shara niña,
por edad y apariencia.
Shara mujer
por los golpes de la vida.
Shara:
muy tierna
y súbitamente
madura.
Por la muerte,
por la falta.
Quiere ser
libélula azulada
no una hermana
de labios azules
y pelo morado.
Pasa de hija
a amante inmaculada,
sueña con ser
hembra deseada.
Ella, que cada mañana
resucita
reviviendo
ocupando,
el vacío.
Por una vida aniquilada.
Amiga Shara
grita
extraña,
habla, transita,
para no quedar
enajenada.
Shara:
mujer,
muchacha,
amiga...
te brindo mi esencia,
mis sueños,
mis alas de mariposa
para que con tus tristezas
hagas un ovillo de seda
y podamos jugar
a soñar
que nos aman.
Shara ha cumplido ventiún años, trabaja desde los dieciocho...El año pasado murío su madre y tiene un hermano a su cargo de veinticinco años (enfermo de esquizofrenia); su padre se borro cuando esta enfermedad aparecío...
novia
hermana
hija.
Shara niña,
por edad y apariencia.
Shara mujer
por los golpes de la vida.
Shara:
muy tierna
y súbitamente
madura.
Por la muerte,
por la falta.
Quiere ser
libélula azulada
no una hermana
de labios azules
y pelo morado.
Pasa de hija
a amante inmaculada,
sueña con ser
hembra deseada.
Ella, que cada mañana
resucita
reviviendo
ocupando,
el vacío.
Por una vida aniquilada.
Amiga Shara
grita
extraña,
habla, transita,
para no quedar
enajenada.
Shara:
mujer,
muchacha,
amiga...
te brindo mi esencia,
mis sueños,
mis alas de mariposa
para que con tus tristezas
hagas un ovillo de seda
y podamos jugar
a soñar
que nos aman.
Shara ha cumplido ventiún años, trabaja desde los dieciocho...El año pasado murío su madre y tiene un hermano a su cargo de veinticinco años (enfermo de esquizofrenia); su padre se borro cuando esta enfermedad aparecío...
Ausencia
Bandarra,
te marchaste,
saliste,
te borraste.
Y yo,
triste
fui cayendo
en un ritmo de tragedia.
Pero, entonces,
regresaste,
entraste
y me hallaste
desnuda
y atrapada en la red
de tu pasión.
De nuevo
te fuiste
y tu cuerpo perdí;
partiste
y regresaron mis lágrimas
que caían sobre el vacío.
Decidí desintegrarte,
pensé en ti
y en el olvido
dejé de aferrarme
a tus límites,
a tu cuerpo;
dejé que naciera el olvido
y que muriera el recuerdo,
deje de ser tóxica
y de embrujarte
con mi sexo...
María Alventosa
domingo, julio 03, 2005
BLUES DE BAGDAD
Entonces vi como la noche
poco a poco
se hundía detrás de las cúpulas
eran aquellas mismas cúpulas que derrotadas
se iban alejando de sus propios territorios
y también
entonces
te miré
y pude ver tus ojos distintos:
eran los ojos que señalaban el miedo
en esa noche
la noche del presagio inequívoco
la noche de las otras luces
las que
justamente
nunca queríamos mirar
te miré a los ojos
dije
porque buscaba en tu perfecta mirada
los ojos del amor
aquellos
que entendían a mis ojos
y mis ojos – que son otra cultura –
se embriagaron de tus ojos
que sutiles
enamoraban hasta los cielos.
Marcelo Marcolin
poco a poco
se hundía detrás de las cúpulas
eran aquellas mismas cúpulas que derrotadas
se iban alejando de sus propios territorios
y también
entonces
te miré
y pude ver tus ojos distintos:
eran los ojos que señalaban el miedo
en esa noche
la noche del presagio inequívoco
la noche de las otras luces
las que
justamente
nunca queríamos mirar
te miré a los ojos
dije
porque buscaba en tu perfecta mirada
los ojos del amor
aquellos
que entendían a mis ojos
y mis ojos – que son otra cultura –
se embriagaron de tus ojos
que sutiles
enamoraban hasta los cielos.
Marcelo Marcolin
ELOGIO DE ALVENTOSA
EL PAÍS-Comunidad Valenciana, miércoles 11 de septiembre de 1996
Elogio de Alventosa
MANUEL TALENS
La ciudad de Valencia es un lugar tan aburrido en verano que hay quien piensa que fallece en junio, se pudre en agosto y resucita en el otoño. Yo siempre he creído que algo había de verdad en dicha alegoría, pues el olor inconfundible a retrete que exhalan sus alcantarillas durante los meses estivales parece afirmar esa calidad de cadáver corrupto.
Hoy, mientras escribo estas líneas que aparecerán más tarde en EL PAIS, es 29 de agosto y la conjunción de tal fecha con el hedor callejero me ha hecho recordar a un personaje pintoresco del ayer, aspirante inútil a la alcaldía de Valencia, que vivió toda su etapa adulta en el barrio del Pilar y que ha sido machaconamente olvidado por nuestros ediles desde aquel lejano 29 de agosto de 1917 en que murió. Estoy hablando de Hipólito Alventosa.
Es fácil para cualquier político municipal (yo diría que forma parte del cargo) ensalzar a Teodor Llorente —por muy execrable poeta que fuese— o a Vicente Blasco Ibáñez —por mucho que escribiera sus novelas, en mordaz comentario de don Pío Baroja, con la pluma de firmar los cheques—, pero lo que resulta inconcebible en estos lares es rendir pleitesía o bautizar calles con nombres de antihéroes valencianos. Hipólito Alventosa fue uno de ellos, quizás el mejor. Veamos lo que dicen de él los eruditos:
HIPÓLITO ALVENTOSA (Castellón 1860 - †Valencia 1917), mediocre y absurdo poeta simbolista, cuya obra no dejó el menor rastro (rescato aquí por pura equidad el título de uno de los libros que dio a la estampa: El papel desconforme, editado en 1896 y que contiene inconmensurables retruécanos kitsch) y que hoy es recordado principalmente a causa del agrio antagonismo que mantuvo durante siete años, recién nacido este siglo, con las autoridades eclesiásticas y administrativas de Valencia, malgastando todos sus bienes en la folclórica y anarquizante Unión Valenciana de Pecadores (UVP). Su programa, caso de haber logrado el control del Ayuntamiento, incluía políticas de tipo progresista (implantación gratuita de la sifiloterapia al mercurio en los burdeles, aspersión de las calles en verano con agua perfumada para contrarrestar la peste a letrina, prohibición a los ediles de ventosear por el ano y de escupir en el suelo durante las reuniones del concejo, etc., junto a otras de un misticismo descabellado, como por ejemplo la firme promesa de sustituir el nombre a la Bajada de San Francisco —hoy Marqués de Sotelo— por Bajada de la Santa Ramera María Magdalena). En 1914 fue declarado insano mental y terminó sus días en el manicomio de Jesús. (Cf. Manuel Sanchis Guarner: Relación de valencianos singulares, 1956).
Conozco de buena fuente una sabrosa anécdota en la que intervino Alventosa: mi abuelo, que en 1909 era un hombre joven, presenció aquel año en el Parterre un mitín improvisado de los unionistas y recordaba que el líder, vestido de anacoreta, enardecía a sus seguidores mediante arengas en favor del cambio social, de los mendigos, de las putas, de los ladrones honrados y de los sifilíticos, y lo más curioso es que la gente lo escuchaba con devoción; pronto aparecieron los guardias de la porra y se liaron a repartir leña entre los asistentes. Alventosa, que por lo visto tenía ínfulas de mártir, no sólo hizo caso omiso de quienes le conminaban a huir, sino que se mostró desafiante: “¡Fariseos, traidores!”, gritaba; pero no pudo añadir más, ya que un guindilla le dio tal palo en la cabeza que le abrió un tajo de a cuarta. “Dios te castigará, asesino, y antes de lo que crees...”, replicó el poeta/activista con la voz en un hilo, mientras se lo llevaban bañado en sangre. El guardia, como por milagro, se echó mano al torso y cayó fulminado (yo supongo que a causa de un infarto). “Te lo dije, maricón, arderás en los infiernos...”, musitó Alventosa, ya sin fuerzas.
Poco después, en 1910, el anarquista Pardiñas asesinó a Canalejas, Alventosa se volvió loco de atar, unos vinieron y otros se fueron, y la vida española, como canturreara el Iglesias, siguió igual que siempre.
Y yo me pregunto: ¿Acaso el tiempo no es capaz de borrar las cicatrices? ¿Para cuándo el homenaje de los valencianos a Hipólito Alventosa, doña Rita?
Elogio de Alventosa
MANUEL TALENS
La ciudad de Valencia es un lugar tan aburrido en verano que hay quien piensa que fallece en junio, se pudre en agosto y resucita en el otoño. Yo siempre he creído que algo había de verdad en dicha alegoría, pues el olor inconfundible a retrete que exhalan sus alcantarillas durante los meses estivales parece afirmar esa calidad de cadáver corrupto.
Hoy, mientras escribo estas líneas que aparecerán más tarde en EL PAIS, es 29 de agosto y la conjunción de tal fecha con el hedor callejero me ha hecho recordar a un personaje pintoresco del ayer, aspirante inútil a la alcaldía de Valencia, que vivió toda su etapa adulta en el barrio del Pilar y que ha sido machaconamente olvidado por nuestros ediles desde aquel lejano 29 de agosto de 1917 en que murió. Estoy hablando de Hipólito Alventosa.
Es fácil para cualquier político municipal (yo diría que forma parte del cargo) ensalzar a Teodor Llorente —por muy execrable poeta que fuese— o a Vicente Blasco Ibáñez —por mucho que escribiera sus novelas, en mordaz comentario de don Pío Baroja, con la pluma de firmar los cheques—, pero lo que resulta inconcebible en estos lares es rendir pleitesía o bautizar calles con nombres de antihéroes valencianos. Hipólito Alventosa fue uno de ellos, quizás el mejor. Veamos lo que dicen de él los eruditos:
HIPÓLITO ALVENTOSA (Castellón 1860 - †Valencia 1917), mediocre y absurdo poeta simbolista, cuya obra no dejó el menor rastro (rescato aquí por pura equidad el título de uno de los libros que dio a la estampa: El papel desconforme, editado en 1896 y que contiene inconmensurables retruécanos kitsch) y que hoy es recordado principalmente a causa del agrio antagonismo que mantuvo durante siete años, recién nacido este siglo, con las autoridades eclesiásticas y administrativas de Valencia, malgastando todos sus bienes en la folclórica y anarquizante Unión Valenciana de Pecadores (UVP). Su programa, caso de haber logrado el control del Ayuntamiento, incluía políticas de tipo progresista (implantación gratuita de la sifiloterapia al mercurio en los burdeles, aspersión de las calles en verano con agua perfumada para contrarrestar la peste a letrina, prohibición a los ediles de ventosear por el ano y de escupir en el suelo durante las reuniones del concejo, etc., junto a otras de un misticismo descabellado, como por ejemplo la firme promesa de sustituir el nombre a la Bajada de San Francisco —hoy Marqués de Sotelo— por Bajada de la Santa Ramera María Magdalena). En 1914 fue declarado insano mental y terminó sus días en el manicomio de Jesús. (Cf. Manuel Sanchis Guarner: Relación de valencianos singulares, 1956).
Conozco de buena fuente una sabrosa anécdota en la que intervino Alventosa: mi abuelo, que en 1909 era un hombre joven, presenció aquel año en el Parterre un mitín improvisado de los unionistas y recordaba que el líder, vestido de anacoreta, enardecía a sus seguidores mediante arengas en favor del cambio social, de los mendigos, de las putas, de los ladrones honrados y de los sifilíticos, y lo más curioso es que la gente lo escuchaba con devoción; pronto aparecieron los guardias de la porra y se liaron a repartir leña entre los asistentes. Alventosa, que por lo visto tenía ínfulas de mártir, no sólo hizo caso omiso de quienes le conminaban a huir, sino que se mostró desafiante: “¡Fariseos, traidores!”, gritaba; pero no pudo añadir más, ya que un guindilla le dio tal palo en la cabeza que le abrió un tajo de a cuarta. “Dios te castigará, asesino, y antes de lo que crees...”, replicó el poeta/activista con la voz en un hilo, mientras se lo llevaban bañado en sangre. El guardia, como por milagro, se echó mano al torso y cayó fulminado (yo supongo que a causa de un infarto). “Te lo dije, maricón, arderás en los infiernos...”, musitó Alventosa, ya sin fuerzas.
Poco después, en 1910, el anarquista Pardiñas asesinó a Canalejas, Alventosa se volvió loco de atar, unos vinieron y otros se fueron, y la vida española, como canturreara el Iglesias, siguió igual que siempre.
Y yo me pregunto: ¿Acaso el tiempo no es capaz de borrar las cicatrices? ¿Para cuándo el homenaje de los valencianos a Hipólito Alventosa, doña Rita?
ITZULI
La conoció una mañana en la playa de Orio, treinta años atrás. Él entonces acampaba en cualquier sitio y aún creía en el porvenir. Era temprano, el sol apenas salía por el horizonte. Un perro caracoleaba en la arena y ella, con los pies descalzos, recogía conchas de mar. Le sonrió.
–Egun on.
–Lo siento –dijo él algo turbado–, no entiendo el vasco.
–Te acabo de dar los buenos días.
Anduvo un rato junto a la joven entre las mansas olas que venían a morir a sus pies.
–¿A qué te dedicas? –le preguntó ella.
–A todo y a nada, pero en estos momentos estoy traduciendo un libro de poemas de Jim Morrison.
–¿El cantante de los Doors?
–Sí.
–Itzuli –dijo ella.
–¿Qué?
–En euskera itzuli significa traducir y también volver.
–Las palabras son viajeras –comentó él con timidez–, pero siempre regresan.
Ella asintió.
–Las personas también.
Hablaron poco más. La muchacha le regaló una concha nacarada y le dio un beso en la mejilla al decirle adiós. Había ya bastante luz y él pudo ver que sus ojos eran verdes, con un toque de ámbar.
Nunca supo su nombre.
Él teclea ante el ordenador. Su cuarto está en penumbra. Es muy temprano, el sol apenas sale por el horizonte y unos tenues rayos se cuelan a través de la ventana. Está traduciendo una novela que trata de un regreso y de la fuerza irresistible del deseo. Sobre la mesa, junto al paquete de cigarrillos, hay una concha de mar que ha conservado desde los años de su juventud. Se siente inquieto, algo va a suceder. «Itzuli», piensa, y nota en sus venas un fogonazo de adrenalina. Se levanta de la silla y, poseído por una extraña convicción, corre hacia la puerta de la casa y la abre con el pulso enloquecido.
Manuel Talens
–Egun on.
–Lo siento –dijo él algo turbado–, no entiendo el vasco.
–Te acabo de dar los buenos días.
Anduvo un rato junto a la joven entre las mansas olas que venían a morir a sus pies.
–¿A qué te dedicas? –le preguntó ella.
–A todo y a nada, pero en estos momentos estoy traduciendo un libro de poemas de Jim Morrison.
–¿El cantante de los Doors?
–Sí.
–Itzuli –dijo ella.
–¿Qué?
–En euskera itzuli significa traducir y también volver.
–Las palabras son viajeras –comentó él con timidez–, pero siempre regresan.
Ella asintió.
–Las personas también.
Hablaron poco más. La muchacha le regaló una concha nacarada y le dio un beso en la mejilla al decirle adiós. Había ya bastante luz y él pudo ver que sus ojos eran verdes, con un toque de ámbar.
Nunca supo su nombre.
Él teclea ante el ordenador. Su cuarto está en penumbra. Es muy temprano, el sol apenas sale por el horizonte y unos tenues rayos se cuelan a través de la ventana. Está traduciendo una novela que trata de un regreso y de la fuerza irresistible del deseo. Sobre la mesa, junto al paquete de cigarrillos, hay una concha de mar que ha conservado desde los años de su juventud. Se siente inquieto, algo va a suceder. «Itzuli», piensa, y nota en sus venas un fogonazo de adrenalina. Se levanta de la silla y, poseído por una extraña convicción, corre hacia la puerta de la casa y la abre con el pulso enloquecido.
Manuel Talens
Dama de las Estrellas
Dama de la estrellas,
compañera en mi vida.
El Unicornio,
tu siervo y
cuidador de tu cielo,
nos contempla
desde la atalaya de tus ojos...
Desde el antiguo
castillo de alas,
ensoñaciones
de realidades hermosas
y no marcadas,
te da
te ofrece...
Él y yo te bendecimos
y te otorgamos
nuevo nombre...
Bailarina de las nubes.
De un tintero y de mi pluma
saqué al unicornio,
lo puse en papel.
Recuerda,
el silencio de los sueños
no es silencio,
es respeto por ti
por tu persona.
Yo te bendigo
Dama de las Estrellas
y para ti pinto el cielo
de estrellas,
sueños,
ciudadelas,
torreones
y palacetes,
grifos,
elfos,
leviatanes,
hadas
y pegasos...
Cada sueño-estrella
será una lágrima,
cada letra
una mancha-espía,
veladora de tus fantasmas,
ellas son la tinta
que se vuelve lágrimas.
Al llorar
por tus heridas,
sanan tus emociones
y te regalan
una realidad
llena de color,
de azul
de un brillo intenso,
como la luz de tu mirada.
Salgamos,
Vivamos,
pues ya has olvidado
que Torquemada
existió,
que él existía,
como existe tu angustia...
Ella es,
el eco
de la risa del profeta,
con tu ansiedad
haces temblar
la baraja de los tiempos.
Permaneces...
Silvia,
Shara,
Dama de las Estrellas,
Morocha,
Oh mujer universal.
Aún veo.
Tu tiempo gira
dentro de ellos:
provocas pasiones,
enajenas humanos,
veterana vampiresa;
reina de estrellas.
Míralos:
son tus esclavos,
quieren comprar tus favores,
no saben...
Desde fuera me río
y bendigo
este momento,
porque ya creciste
y sigues entre
estrellas
y pegasos...
Porque
para nosotras,
sólo existe
el aquí y el ahora.
20 de Marzo de 2004
María Alventosa
compañera en mi vida.
El Unicornio,
tu siervo y
cuidador de tu cielo,
nos contempla
desde la atalaya de tus ojos...
Desde el antiguo
castillo de alas,
ensoñaciones
de realidades hermosas
y no marcadas,
te da
te ofrece...
Él y yo te bendecimos
y te otorgamos
nuevo nombre...
Bailarina de las nubes.
De un tintero y de mi pluma
saqué al unicornio,
lo puse en papel.
Recuerda,
el silencio de los sueños
no es silencio,
es respeto por ti
por tu persona.
Yo te bendigo
Dama de las Estrellas
y para ti pinto el cielo
de estrellas,
sueños,
ciudadelas,
torreones
y palacetes,
grifos,
elfos,
leviatanes,
hadas
y pegasos...
Cada sueño-estrella
será una lágrima,
cada letra
una mancha-espía,
veladora de tus fantasmas,
ellas son la tinta
que se vuelve lágrimas.
Al llorar
por tus heridas,
sanan tus emociones
y te regalan
una realidad
llena de color,
de azul
de un brillo intenso,
como la luz de tu mirada.
Salgamos,
Vivamos,
pues ya has olvidado
que Torquemada
existió,
que él existía,
como existe tu angustia...
Ella es,
el eco
de la risa del profeta,
con tu ansiedad
haces temblar
la baraja de los tiempos.
Permaneces...
Silvia,
Shara,
Dama de las Estrellas,
Morocha,
Oh mujer universal.
Aún veo.
Tu tiempo gira
dentro de ellos:
provocas pasiones,
enajenas humanos,
veterana vampiresa;
reina de estrellas.
Míralos:
son tus esclavos,
quieren comprar tus favores,
no saben...
Desde fuera me río
y bendigo
este momento,
porque ya creciste
y sigues entre
estrellas
y pegasos...
Porque
para nosotras,
sólo existe
el aquí y el ahora.
20 de Marzo de 2004
María Alventosa
INVITACIÓN
En Buenos Aires,
Presento mi libro "En Azul".
Te invito a soñar en azul,
el 21 de Julio de 2005,
en la Casa de Arte "Doña Rosa".
C/ Colón 279 -Quilmes -
Buenos Aires, a las 19,00 horas.
Presentará el libro Marcelo Marcolín:
Nacido en Buenos Aires en 1957 y miembro de la llamada Generación Subterránea que azotó parques y calles allá por los sesenta y principios de los ochenta.Fue editor y parte de diferentes publicaciones under, entre ellas: Artemisa, Antimitomania, El ojo de la Ballena, Rió de la plata. Colaboró en distintos medios gráfico como como colaborador y columnista.Participó en proyectos radicales y leyó sus trabajos en vuestro país y en el exterior.Fue premio Zargazazú 1986.Ha editado La coronación del príncipe mudo, Matecocido, La primera letra, Ángeles clandestinos. Integró las antologías: Nuevas Voces, Poemas para el alba próxima, Poemas de un peso, Anuario Antimitomania entre atrás. Siestas de Wincofin, entre otros.
Será una jornada de puertas abiertas,
así que si tienes alguien que necesite soñar,
o quizá un color,
invitalo a venir...
Acercate a los que nunca se acercan.
Gracias por venir,
entrar y quedarte.
Ni somos jueces,
ni queremos causas para juzgar.
Te esperamos.
María Alventosa Talens
Presento mi libro "En Azul".
Te invito a soñar en azul,
el 21 de Julio de 2005,
en la Casa de Arte "Doña Rosa".
C/ Colón 279 -Quilmes -
Buenos Aires, a las 19,00 horas.
Presentará el libro Marcelo Marcolín:
Nacido en Buenos Aires en 1957 y miembro de la llamada Generación Subterránea que azotó parques y calles allá por los sesenta y principios de los ochenta.Fue editor y parte de diferentes publicaciones under, entre ellas: Artemisa, Antimitomania, El ojo de la Ballena, Rió de la plata. Colaboró en distintos medios gráfico como como colaborador y columnista.Participó en proyectos radicales y leyó sus trabajos en vuestro país y en el exterior.Fue premio Zargazazú 1986.Ha editado La coronación del príncipe mudo, Matecocido, La primera letra, Ángeles clandestinos. Integró las antologías: Nuevas Voces, Poemas para el alba próxima, Poemas de un peso, Anuario Antimitomania entre atrás. Siestas de Wincofin, entre otros.
Será una jornada de puertas abiertas,
así que si tienes alguien que necesite soñar,
o quizá un color,
invitalo a venir...
Acercate a los que nunca se acercan.
Gracias por venir,
entrar y quedarte.
Ni somos jueces,
ni queremos causas para juzgar.
Te esperamos.
María Alventosa Talens
Te amo porque tu género es neutro
Te amo.
Te amo
porque tu género es neutro.
Yo soy una escritora de segunda
que se siente muy débil,
porque no expresa bastante.
Estoy aquí, sentada,
en una silla azul;
he olvidado mi libro,
alguien escribirá sobre él
lo firmara un importante escritor.
Sus lectores serán gentes muy cultas
y querrán leer algo grande.
Yo he olvidado escribir mi libro
y mi mano de escritora está llena de miedos.
Quisiera que mis letras fueran sabias.
Soy una mujer honrada y terca,
pero no conozco a Dios.
Obsérvame:
debería estar en mi casa,
con mis hijos,
educando y Formando...
Y estoy aquí,
hablando de atracar bancos,
destruir políticos...
Ámame
y rompe las barreras de tu mente
tengo miedo y te deseo.
Estoy llena de anhelos,
quiero acercarme a los que nunca se acercan.
A veces quiero que mi corazón esté
vacío,
porque no tengo emociones,
las borro personalmente cada mañana...
Estoy sentada,
y soy una escritora mediocre,
reptante.
Centenares de folios rotos
hablan en la calle, de mí.
Sé que no crees en nada
que has gastado tu fe.
Tu pantalón azul,
te delata...
y yo soy una intrusa,
no sientas decepción
cuando hablo tanto de mí,
porque yo quiero amarte,
y por eso me desnudo, ante ti
desgastada de resacas.
Ahora que lo pienso
afán mío,
acabas de nacer, en mi mundo.
Te retornaré la fe
en la gente, en los cuentos...
Me dejas amarte, me dejas quererte,
mi ánimo se aquieta y tu fumas mientras escribo...
Te amo,
te amo porque tú eres distinto...
María Alventosa
Te amo
porque tu género es neutro.
Yo soy una escritora de segunda
que se siente muy débil,
porque no expresa bastante.
Estoy aquí, sentada,
en una silla azul;
he olvidado mi libro,
alguien escribirá sobre él
lo firmara un importante escritor.
Sus lectores serán gentes muy cultas
y querrán leer algo grande.
Yo he olvidado escribir mi libro
y mi mano de escritora está llena de miedos.
Quisiera que mis letras fueran sabias.
Soy una mujer honrada y terca,
pero no conozco a Dios.
Obsérvame:
debería estar en mi casa,
con mis hijos,
educando y Formando...
Y estoy aquí,
hablando de atracar bancos,
destruir políticos...
Ámame
y rompe las barreras de tu mente
tengo miedo y te deseo.
Estoy llena de anhelos,
quiero acercarme a los que nunca se acercan.
A veces quiero que mi corazón esté
vacío,
porque no tengo emociones,
las borro personalmente cada mañana...
Estoy sentada,
y soy una escritora mediocre,
reptante.
Centenares de folios rotos
hablan en la calle, de mí.
Sé que no crees en nada
que has gastado tu fe.
Tu pantalón azul,
te delata...
y yo soy una intrusa,
no sientas decepción
cuando hablo tanto de mí,
porque yo quiero amarte,
y por eso me desnudo, ante ti
desgastada de resacas.
Ahora que lo pienso
afán mío,
acabas de nacer, en mi mundo.
Te retornaré la fe
en la gente, en los cuentos...
Me dejas amarte, me dejas quererte,
mi ánimo se aquieta y tu fumas mientras escribo...
Te amo,
te amo porque tú eres distinto...
María Alventosa
LA SEXUALIDAD FEMENINA
La sexualidad femenina
en cinco escritoras del siglo XX.
Colette,
Violette Leduc,
Monique Wittig,
Marie Cardinal y
Catherine Millet
en cinco escritoras del siglo XX.
Colette,
Violette Leduc,
Monique Wittig,
Marie Cardinal y
Catherine Millet
sábado, julio 02, 2005
¿Conoces la entrada del vértigo?
En nosotras,
que no hemos pactado mutaciones
por azar nos descubren sucesos...
ahora callo y no duermo.
Estábamos tan alegres,
antes yo creía en la muerte
y ahora hemos tocado fondo.
Otra vez, la noticia...
ahora no quiero saber,
de nuevo hemos tropezado.
En mi habitación el miedo me estudia,
la noticia hiere,
tu cáncer me descoloca,
la noticia me lanza
a la entrada del vértigo.
Adivino el desenlace en la consulta,
y tu escondido desencanto ante el médico.
Un opaco sentimiento,
cubre totalmente
de día y de noche,
antes y durante la consulta
la cabeza del oncólogo.
Tú...
disgustada por negociar
y situada en inferioridad de condiciones
a causa de los opacos sentimientos.
Llegado el momento:
esperar superar,
¿lo creerías posible,
17 noticias a la vez?
La poesía titulada Lucía
de escaso valor literario
encierra un significado único
titulado Amista.
En la entrada...
uno de los secretos más inteligentes
queda por explicar;
y aquí, en mi desencuentro,
abro el libro de silencios
más arriba
el ruido de un avión alarga el cielo,
más abajo,
la soledad
con mi miedo escondido,
hace parpadear la verdad,
y confiesa
que esta noche
eres tú el vértigo.
Ayer había un odioso gusano dentro de mi herida,
hoy habita en mi un espino.
mañana habrá una última hoguera
para la esperanza.
Mi alma se conforma y yo escribo,
mañana conduciré con la ventanilla abierta y el corazón cerrado
hacia la entrada del vértigo.
Ayer se me olvidó decirte que te quiero,
hoy la gente lo impidió,
mañana, ante el dolor de la noticia...
lo gritaré.
Noche del domingo al lunes del 3 al 4 de abril de 2005
María Alventosa Talens
que no hemos pactado mutaciones
por azar nos descubren sucesos...
ahora callo y no duermo.
Estábamos tan alegres,
antes yo creía en la muerte
y ahora hemos tocado fondo.
Otra vez, la noticia...
ahora no quiero saber,
de nuevo hemos tropezado.
En mi habitación el miedo me estudia,
la noticia hiere,
tu cáncer me descoloca,
la noticia me lanza
a la entrada del vértigo.
Adivino el desenlace en la consulta,
y tu escondido desencanto ante el médico.
Un opaco sentimiento,
cubre totalmente
de día y de noche,
antes y durante la consulta
la cabeza del oncólogo.
Tú...
disgustada por negociar
y situada en inferioridad de condiciones
a causa de los opacos sentimientos.
Llegado el momento:
esperar superar,
¿lo creerías posible,
17 noticias a la vez?
La poesía titulada Lucía
de escaso valor literario
encierra un significado único
titulado Amista.
En la entrada...
uno de los secretos más inteligentes
queda por explicar;
y aquí, en mi desencuentro,
abro el libro de silencios
más arriba
el ruido de un avión alarga el cielo,
más abajo,
la soledad
con mi miedo escondido,
hace parpadear la verdad,
y confiesa
que esta noche
eres tú el vértigo.
Ayer había un odioso gusano dentro de mi herida,
hoy habita en mi un espino.
mañana habrá una última hoguera
para la esperanza.
Mi alma se conforma y yo escribo,
mañana conduciré con la ventanilla abierta y el corazón cerrado
hacia la entrada del vértigo.
Ayer se me olvidó decirte que te quiero,
hoy la gente lo impidió,
mañana, ante el dolor de la noticia...
lo gritaré.
Noche del domingo al lunes del 3 al 4 de abril de 2005
María Alventosa Talens
Soy la mujer...
Soy la mujer que fuerza los lìmites en esta historia.
Soy la muchacha mala de la vida,
la hembra depravada de esta crónica.
Vosotros lo juzgaréis:
la que fornicó y fornicará con los hombres
para reirse de su género tan fatuo.
Al igual que la vida hizo conmigo,
haré yo con todo macho que se cruce en esta historia.
Les engañaré a todos a la vez y a ninguno,
pues no les pertenezco...
Cada día les quito su coraza y les dejo al desnudo,
me río delante su cuerpo al descubierto
y de su alma seducida y por esto desangelada.
Soy la encantadora de personas
manipuladora de hombres.
Con mis ademanes sutiles y mi mirada angelical,
los transporto a la cima del placer,
para, después, marchar...
dejales poseídos de mi maldad.
Soy la hembra perversa, para cuentos...
Soy la que escribe el final.
María Alventosa
Soy la muchacha mala de la vida,
la hembra depravada de esta crónica.
Vosotros lo juzgaréis:
la que fornicó y fornicará con los hombres
para reirse de su género tan fatuo.
Al igual que la vida hizo conmigo,
haré yo con todo macho que se cruce en esta historia.
Les engañaré a todos a la vez y a ninguno,
pues no les pertenezco...
Cada día les quito su coraza y les dejo al desnudo,
me río delante su cuerpo al descubierto
y de su alma seducida y por esto desangelada.
Soy la encantadora de personas
manipuladora de hombres.
Con mis ademanes sutiles y mi mirada angelical,
los transporto a la cima del placer,
para, después, marchar...
dejales poseídos de mi maldad.
Soy la hembra perversa, para cuentos...
Soy la que escribe el final.
María Alventosa
viernes, julio 01, 2005
Teoría de la sinceridad
Me hiciste pensar,
Carlos...
amigo de poco tiempo,
pero no por ello
menos amigo.
Ves en mí la sensibilidad,
pero también la dureza de mis letras,
quizá sea mi dualidad...
No, nada de eso,
sencillamente soy
una mujer, rubia, alta,
de cabellos lacios y ojos claros.
Y, si, mi apariencia impresiona,
mi argumento atropella,
mi corazón asume el engaño,
Cuando se unen fuerzas,
compartimos emociones
e intercambiamos fluidos
el resultado es Tres.
Ël, tu y lo que surge
de esa conjunción...
Pasión,
devoción,
liberación y el delirio,
con él los deseos
de coexistir, compartir unir...
Cuando hablamos,
nos manifestamos,
sinceramos, declaramos, revelamos...
descolocamos...
Hay algo que falla,
la sociedad, él, yo, nosotros,
¿qué?, di, di, di...
No soy protocolaria
y, si persevero,
¿será mi exuberancia?,
quizá el desapego,
o más bien el pego,
di, desde la distancia,
¿qué falla?
Carlos...
amigo de poco tiempo,
pero no por ello
menos amigo.
Ves en mí la sensibilidad,
pero también la dureza de mis letras,
quizá sea mi dualidad...
No, nada de eso,
sencillamente soy
una mujer, rubia, alta,
de cabellos lacios y ojos claros.
Y, si, mi apariencia impresiona,
mi argumento atropella,
mi corazón asume el engaño,
Cuando se unen fuerzas,
compartimos emociones
e intercambiamos fluidos
el resultado es Tres.
Ël, tu y lo que surge
de esa conjunción...
Pasión,
devoción,
liberación y el delirio,
con él los deseos
de coexistir, compartir unir...
Cuando hablamos,
nos manifestamos,
sinceramos, declaramos, revelamos...
descolocamos...
Hay algo que falla,
la sociedad, él, yo, nosotros,
¿qué?, di, di, di...
No soy protocolaria
y, si persevero,
¿será mi exuberancia?,
quizá el desapego,
o más bien el pego,
di, desde la distancia,
¿qué falla?
A tres...
Quieres darme un nombre
quizá un papel,
bajo tu atractivo disfraz
de controlador de nada
y sobre tu ropa interior
M. emerge...
milagrosamente otras sensaciones.
De pronto
salta hecha añicos
tu condición de gay...
ayudado quizá por la explosión de M.
que parece estar dotada
de un agresivo uniforme
traspasador de Muros.
Y, siguiendo las instrucciones
dictadas por la pasión,
confundiendo más a G.
A las 22 horas y 13 minutos
G. pierde sus lentes ficticios
en la Isla del Tesoro.
Si lo interior concuerda con la realidad
las lentes de G. serán halladas
posteriormente por la diligente M.
en la calle del Oso.
G. correrá, buscará refugio
cuando comience el tiroteo,
mas la intención de M. es rematarlo,
que se balancee peligrosamente.
Nadie es tan apto para la comunicación
como M., I. y G.
todos ellos, los tres
saben decir:
te quiero, te quiero.
Nos vemos en la cueva,
nos encontramos
con la pintura, el arte, la sabana...
La llave está
debajo del felpudo.
Dos entran en acción
un gesto de I.
para otro de M.,
hacen conectar
el sistema eléctrico.
No quieren cerrar el sistema,
falta el tercero, G...
Ahora, los dos
piensan amenudo en G.,
en los labios de G.
en las uñas de G.
esas uñas pintadas de rojo.
Se levanta
la sesión
... ya dictada la sentencia
tres acceden a cumplirla,
besar tres bocas,
decir tres te quiero,
sentir tres pasiones,
renunciar a su género.
El uniforme de M.
se ha llevado
poco a poco
su ceguera.
El pubis de M.
se ha convertido en pregonero:
Hay un único néctar.
Hay una sola leyenda
su salvaje peregrinar por la nada más llena...
Una tiniebla penetra en ellos,
una bajada, tres vidas.
El destino final:
las alcantarillas.
María Alventosa
quizá un papel,
bajo tu atractivo disfraz
de controlador de nada
y sobre tu ropa interior
M. emerge...
milagrosamente otras sensaciones.
De pronto
salta hecha añicos
tu condición de gay...
ayudado quizá por la explosión de M.
que parece estar dotada
de un agresivo uniforme
traspasador de Muros.
Y, siguiendo las instrucciones
dictadas por la pasión,
confundiendo más a G.
A las 22 horas y 13 minutos
G. pierde sus lentes ficticios
en la Isla del Tesoro.
Si lo interior concuerda con la realidad
las lentes de G. serán halladas
posteriormente por la diligente M.
en la calle del Oso.
G. correrá, buscará refugio
cuando comience el tiroteo,
mas la intención de M. es rematarlo,
que se balancee peligrosamente.
Nadie es tan apto para la comunicación
como M., I. y G.
todos ellos, los tres
saben decir:
te quiero, te quiero.
Nos vemos en la cueva,
nos encontramos
con la pintura, el arte, la sabana...
La llave está
debajo del felpudo.
Dos entran en acción
un gesto de I.
para otro de M.,
hacen conectar
el sistema eléctrico.
No quieren cerrar el sistema,
falta el tercero, G...
Ahora, los dos
piensan amenudo en G.,
en los labios de G.
en las uñas de G.
esas uñas pintadas de rojo.
Se levanta
la sesión
... ya dictada la sentencia
tres acceden a cumplirla,
besar tres bocas,
decir tres te quiero,
sentir tres pasiones,
renunciar a su género.
El uniforme de M.
se ha llevado
poco a poco
su ceguera.
El pubis de M.
se ha convertido en pregonero:
Hay un único néctar.
Hay una sola leyenda
su salvaje peregrinar por la nada más llena...
Una tiniebla penetra en ellos,
una bajada, tres vidas.
El destino final:
las alcantarillas.
María Alventosa
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